Diario de un seductor

kierkegaard

Publicado originalmente en 2006 en SoHo

            Estos son fragmentos que pude descifrar y traducir del diario del escritor australiano Dewey Rocksmith. Mi inglés no es 10/10 y me tomé algunas libertades en el trabajo. Las palabras en cursivas están en español o en alguna otra lengua en el original.

Agosto

Jueves 25

Anoche conocí a María. Rubia y alta, no parece ecuatoriana, pero tampoco gringa, podría pasar por eslava. Se lo dije, esto para una chica de este país es un halago. El color de sus pupilas es como de Amaretto o algún licor de almendras. Estábamos en el lanzamiento de un libro con Alfonso, allí acudió todo el mundo. María se dedica a construir páginas web, con ese pretexto le dije que quiero tener mi propio sitio, como lo tienen ya casi todos los escritores. En una tarjeta ajena anoté mi e-mail. Suficiente, lo peor que se puede hacer en estos casos es mostrarse ansioso.

Miércoles 31

Y de la bella María de la otra noche, nada. Jamás me ha dicho “no” una mujer. Cuando digo esto parezco insoportablemente presumido, pero es la verdad. Pero debo completar esa verdad, esto no quiere decir que “donde pongo el ojo, pongo la bala”. Lo que sucede es que tengo un alto sentido del ridículo y nada más ridículo que un rechazado, peor un rechazado insistente, son más repulsivos que las moscas o los tábanos. Es verdad que tres o cuatro veces a la semana, como anoche, gracias al vodka, se me borran ciertos límites, pero nunca en este sentido. Jamás dirán que soy impertinente, ni siquiera borracho.

 Septiembre

Jueves 1ro.

¡Un e-mail de María! Sabía que no iba a fallar. Para celebrar la noticia invité a Alfonso a tomar un coctel demoledor, coco y cachazinha, pero no voy a contestar el mensaje sino dentro de un par de días.

Domingo 4

Para aprovechar esta tarde solitaria fui a un ciber café, donde despaché el correo electrónico acumulado varias semanas. Y, por supuesto, respondí a María. ¡Qué difícil es este arte! Mostrarse interesado, pero no desesperado. Conquistar es dejarse conquistar. He pensado que debo buscar una fórmula que me permita llevar este diario en un sustrato electrónico. Ni pensar en una agenda Palm y peor una laptop, son objetos que los ríos de vino se llevan fácilmente…

 Viernes 9

El intercambio de e-mails con María se ha puesto frenético. Uno diario por lo menos. Sin embargo se hace la loca cuando le digo que fijemos una cita. Por eso mi respuesta de hoy ha sido lacónica y distante… Y ya sucedió lo que era previsible: derramé brandy sobre el diario…

 Lunes 12

El fin de semana lo pasé en la propiedad de Carlos. El programa allí es muy sencillo y nunca cambia: cabalgata por la mañana, bebezona por la tarde, hasta las últimas consecuencias… Me levanté deprimido y dolorido, pero la visita al ciber café me cambió el genio, puesto que me aguardaba un e-mail de María. Ella protestaba por la “frialdad” de mi mensaje. Le he contestado fingiendo sorpresa, pero dejé pistas que deben hacerle entender que no pienso pasarme la vida en una relación electrónica…

 Martes, 13

“¿Quieres decir que si no accedo a verte, mejor no más cartitas?” ¡Claro, tonta!…

 Jueves, 14

Ayer ni hoy conteste las cartas de María, pero hace una media hora me asustó llamándome por teléfono, fue hábil para conseguir mi número. Quería saber por qué no escribía. Discutimos levemente y ¡ya está! Será mañana en ese muy aceptable restaurante de La Floresta que tiene un gringo de Vermont. Debo preparar la lengua y el hígado.

 Martes 20

Ayer le escribí a María diciéndole que me describa lo que sintió en nuestra salida. En su respuesta afirma que le gustaron mi ropa, mi conversación y mi olor… realmente hice daño. Ella me gustó más que la primera ocasión. No le tiene miedo al vino, lo que es una enorme virtud, no me gusta estar en desventaja alcohólica frente a una mujer, lo que ocurre casi siempre. No quiso que la besara al despedirnos, concedido, ya habrá tiempo. ¡Salud, guapa!

 Miércoles 21

Al e-mail diario se ha sumado la llamada. Me dejo caer en el amor, literalmente (aquí Rocksmith intenta un juego con la expresión inglesa “fall in love”. N. del E.). El enamoramiento es fundamental en la seducción. Hace un mes hablaba con un joven escritor peruano. Él tiene el deseo, que yo comparto, de escribir cuentos de terror con muertos y diablos. Pero concluimos que nos sería muy difícil, porque no creemos en aparecidos ni en experiencias sobrenaturales. Entonces lo que logremos no será creíble. Hay que creer en el cuento del amor, si quieres que te crean. Supongo que habrá galanes que mienten a sabiendas en una conquista, pero no quiero ser uno de esos, aunque puede tener ciertas ventajas logísticas.

Domingo 25

Ayer, celebramos un mes de conocernos con una cena en su casa. María está divorciada, tiene un hijo que anoche oportunamente se fue con su padre. Su departamento está en la planta baja de una casa en un barrio tranquilo. Todo está muy bien, excepto las plantas artificiales. El arte tampoco es gran cosa, pero mejoró con una bien montada macro-fotografía de una micro-orquídea que llevé como regalo galante. Un buen regalo es una estocada en el corazón. No es necesario que sea precioso, tiene que ser preciso. ¿Cómo se logra eso? No lo sé, es una de esas misteriosas intuiciones que aprendes en esta profesión. La cena estuvo bien, hay que tener imaginación para echar a perder camarones ecuatorianos y ella no la tuvo. El vino, que puso la visita, soberbio, perfumado y abundante. La despedida, apenas un roce de labios, mi retirada, elegante a pesar de las copas.

 Viernes 29

Aproveché estos días para hacer una desaparición táctica. Me perdí y me extrañó (el escritor juega con el doble sentido del verbo to miss. N. del T.). Ella es inteligente, incluso bastante inteligente, comienza a darse cuenta de mis estratagemas y no me ha buscado. Reaparecí súbitamente ayer, pasadas las diez de la noche. Tengo un amigo ecuatoriano, Juan de Dios, que ha optado por la estrategia de la fuerte debilidad, apela a la compasión y al instinto maternal de las mujeres, no le va nada mal. Yo uso la receta más elemental de la fuerte fuerza, pero nada de macho, desde que no está de moda el pelo en pecho, la masculinidad debe ser sutil.

 Octubre

Martes 4

Va siendo tiempo de atacar. Le conté la historia de dos importantes romances que viví, los “únicos que he tenido en la vida, más alguna cosita sin importancia”. Debo aparecer como vulnerable, capaz de enamorarme, pero no como un erotómano obsesivo. Ella, por su parte, dice que no ha tenido nada “importante” desde que se divorció. Supongo que al decir importante quiere decir sexo. Le creo, este es un arte de la buena fe.

 Sábado 8

¡Victoria! Armé una perfecta estratagema con el tema de la Luna. Le regalé, montada al estilo póster, en una ampliación de un metro, una tira cómica de Peanuts con un chiste sobre la Luna. Cat Stevens, que ya sabía que le gusta, cantaba Moon Shadow y la Luna en persona aparecía en una avenida de cipreses. Bebimos martinis en su variante Luna Azul, en la que el liqueur Curaçao remplaza al vermouth. El paso siguiente será entre sábanas.

Miércoles 12

Salvo el domingo que lo dedicó a su hijo, nos hemos visto todos los días. También hablamos por teléfono y procuro que los e-mail sigan siendo diarios, la palabra escrita es mi ventaja decisiva. Es enorme el esfuerzo mental que requiere sorprenderla todos los días. Anoche le hice ver como Venus y Mercurio se ponían sobre Cruz Loma. No es ignorante, pero no sabía que Mercurio se podía ver a simple vista. Especialidades Rocksmith, gracias. El gran día tiene que ser el sábado, sin ser precipitado no hay que dejar que se aburra.

Viernes 14

Todo está listo para mañana.

Domingo 16

¡Que bueno que no pueda verla los domingos! Todo estuvo muy bien, el paseo a Quito Loma fue hermoso y original. Luego el almuerzo con costillas de cordero neozelandés (lo más cercano que encontré a algo australiano). No desperdicié detalle. Malbec, para la excursión, Pinot Noir, para la comida, perfecto. El viaje no corto y el contundente banquete exigían siesta. Ella sugirió un hotel, le dije que estaba loca, “será en tu casa y en tu cama”, le dije en el mejor y más firme español que pude. Cedió. Habría sido mejor no tomar esos dos chinchón en el restaurante. Más vino para caldear la alcoba. Y, en el momento de los momentos, nada, ¡fui demasiado lejos con los tragos! Lo peor fue mi reacción, rechacé con mal humor sus intentos por consolarme. Salí corriendo de su casa, tambaleando y a medio vestir.