Con dos o tres excepciones las “nuevas constituciones” que se produjeron en dos siglos de historia republicana (fueron más de veinte) introducían pocos cambios en relación con sus predecesoras. Esta vez las cosas son distintas. Se trata de sustituir la ilegal constitución de Montecristi, creada con el propósito de establecer un Estado totalitario, por una ley fundamental que restablezca el sistema republicano, el estado de derecho y la libertad. No servirán pequeñas reformas o mínimas enmiendas, ese sí sería un método tortuoso, lento y poco provechoso.
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Imagen: Reunión de ambas cámaras
legislativas, en el Salón del Congreso
del Palacio de Carondelet (c.1940)

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