Es muy difícil conseguir que una ley “buena” arregle algún problema importante. Pero las malas leyes sí hacen daño y, a menudo, grave daño. Hay que reformarlas cuando no sea posible derogarlas integralmente. Y ese es el caso de las normas que han dejado inerme a la autoridad y favorecen al delincuente. También lo es esa jungla que constituye nuestra legislación laboral.
Dar clic en la imagen para leer completoImagen: Apertura de los Estados generales franceses
en 1789, óleo sobre tela de Auguste Couder (1789-1873)
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