La pena de muerte, indefendible

No extraña que dictaduras totalitarias como China o Irán ejecuten públicamente a prisioneros. Sorprende sí que Estados Unidos, la república modelo cuya legislación humanitaria es el troquel sobre el que se labraron los códigos de derechos del mundo, prosiga con esta práctica bárbara y qué, peor aún, pretenda convertir en públicas las ejecuciones como lo hacían los terroristas del Estado Islámico. Los chapuceros errores que impidieron acabar con la vida de una delincuente en dos intentos, pusieron en evidencia otros problemas insolubles que la pena de muerte lleva aparejada. Mi artículo de esta semana en Diario El Universo.