El Silencio sigue sonando

Tystnaden

Una de las satisfacciones que ha tenido mi generación, que las anteriores no tuvieron y las que vienen no tendrán, es poder ver películas “prohibidas”. Cuando cumplías 21 años ya podías ver, en teoría, esos filmes que oíste comentar y que no pudiste ver por ser demasiado joven, pero no estaban disponibles para nadie, porque no se exhibían. Con la aparición del video, primero en casete, luego en disco, la cosa mejoró en algo, porque la oferta se amplió, pero los romos criterios de los dueños de los “video clubes” seguían siendo un obstáculo. Ha sido en la última década que la tecnología nos permite acceder prácticamente a cualquier obra, aunque no hay sitios legales y técnicamente amigables para acceder al mejor cine, pero “moneando” un poco se consigue esas joyas esquivas y disfrutamos de esa maravillosa sensación de saborear lo prohibido que para las anteriores generaciones no fue posible, por que no había web, y para las que vienen tampoco, porque nada les está prohibido.

Sólo pensar que me sentaba a ver El silencio ya me alegraba, porque esta obra clave de Ingmar Bergman fue muy comentada por los mayores cundo yo tenía nueve años. Leí subrepticiamente una reseña sobre la polémica cinta, estoy casi seguro que fue en la revista Vistazo, que por épocas ha tenido buena crítica cinematográfica. El filme es duro, complejo, exige concentración para intentar descifrar su denso simbolismo. La austera fotografía, en blanco y negro, del laureado Sven Nykvist, logró lo que el director quería, algo que pareciera un sueño pero sin efectos especiales.

El argumento cuenta que la traductora Ester (Gunnel Lindblom) viaja en un tren a través de un país de Europa oriental, junto con su hermana Ana (Ingrid Thulin) y el hijo de ésta, Johan de 10 años. En la ruta cruzan con un transporte de tanques de guerra. Ester está enferma, sufre un vómito de sangre que las obliga a desembarcar en la ciudad ficticia de Timoka, donde se habla un lenguaje incompresible incluso para la traductora. Se hospedan en un lujoso hotel semidesierto en el que los atiende un valet anciano y se aloja una compañía de enanos españoles. Ana sale a la ciudad fea y triste, con una población hostil y callada. Consigue seducir a un mesero de café, con el que hará el amor en varias ocasiones en una habitación del hotel. En una de esas, la descubre su hijo que pasa el tiempo deambulando por el edificio. Las escenas sexuales son crudas y explican el escándalo que envolvió al filme cuando se estrenó. Por la noche se ven y escuchan tanques en extrañas maniobras. Ana anuncia a su hermana que al día siguiente la abandonará. Es evidente la incomprensión entre las dos. Como despedida Ester le da a su sobrino una nota en la que dice “Para Johan- Palabras en un idioma extranjero”.

Bergman inventó una lengua para la película. Se basó en el estonio, que era el idioma de su esposa, pero la idea es que nadie pueda entenderlo. ¿Un filme hecho para no entenderse? Håkan Jahnberg, un veterano actor de teatro, quien hizo del amable valet, tenía dificultades para aprender sus diálogos en la lengua fantasma. Bergman le permitió que en lugar de lo que registraba el guión, recite poemas infantiles en sueco, pero al revés, como había aprendido hacerlo de niño. Estas anécdotas refuerzan la idea madre de la película: la insuficiencia del lenguaje para comunicar verdaderamente a los seres humanos. De allí que la película sea El Silencio. El mundo sigue su marcha, como el tren de la cinta, sin que importe si las personas entienden a dónde van. Lo que está más allá es la mortífera guerra.

Sin embargo, contra lo que pensaron el propio Bergman y su productor, a la película le fue muy bien en la taquilla (pienso que también en el Ecuador), más que nada por las francas secuencias sexuales, que incluían masturbación femenina. En la puritana Suecia, que iniciaba su proceso de apertura, fue exhibida sin cortes, lo que desató una tormenta política. Sin embargo, queda claro que el sexo no es necesariamente una vía de comunicación y que puede darse sin romper el atroz silencio del Universo. El director decía que esta historia es la culminación de una indagación sobre la fe, entonces ¿Es El Silencio de Dios? (ARD)

TRAILER DE LA PELÍCULA

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