El diablo, qué gran personaje

Satan

El publicitado encuentro entre Boris Spaski y Boby Fischer por el campeonato mundial, en 1972, condujo a que el ajedrez tome un auge inusitado en todo el mundo y Quito no fue excepción. Entonces oí decir a un importante preceptor de jóvenes, “me alegro tanto de que los chicos se dediquen al ajedrez, en lugar de entretenimientos nocivos, como el cine, por ejemplo”. En ese entonces sólo en estratos cultos se entendía al cine como arte, para los más era, en el mejor de los casos, un simple entretenimiento, más bien frívolo y hasta pecaminoso. Me parece que esto ha cambiado, hoy está muy claro que la cinematografía es arte y una expresión cultural de primer orden. Y sigue siendo un entretenimiento y debe serlo siempre.

Esta película ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes en 1987, demuestra cómo los temas que han inquietado a la filosofía y la teología desde hace muchos siglos, pueden ser abordados en el discurso de imágenes y sonido que constituye una película. Sous le soleil de Satan está basada en una novela homónima del escritor francés Georges Bernanos. Este novelista aunque en su momento conoció cierto éxito, es un autor muy discutido. En la primera mitad del siglo XX era un autor católico altamente recomendado. Pero, digamos, a partir de los años sesenta, el pensamiento oficioso de la Iglesia comenzó a encontrarle peros. Su enfoque bronco y melancólico de la religión resultaba sospechoso para el optimismo rampante que caracteriza a la teología después del Concilio Vaticano II. Se lo ha llegado a identificar como jasenista, una herejía que considera que la naturaleza humana está depravada integralmente a raíz del pecado original y, por tanto, propone una moral rigorista.

El protagonista es el joven sacerdote Donissan, magistralmente interpretado por Gérard Depardieu. Si gustan de este actor merece que vean este filme en el que demuestra todo lo versátil y sensible que puede ser. El clérigo tiene una tremenda necesidad de certezas, pero lo que encuentra en su ministerio en un pequeño pueblo francés son más bien manifestaciones diabólicas, encarnadas especialmente en Mouchete (Sandrine Bonnaire) una bella adolescente que va de cama en cama de distintos hombres mayores y que asesina a uno de ellos. El demonio se le aparece al cura como un viajante ambiguo y repulsivo que lo desvía del camino hacia otro pueblo y lo lleva por fragosos senderos desviados. Espero no estar dándoles la impresión de que se trata de una cinta de terror o algo así, nada de eso. El cura se mortifica con flagelación y cilicios, tiene muy mala salud y ha escogido como consejero al maduro padre Menou-Sagrais, representado por el propio director de la película, Maurice Pialat, con quien sostienen profundos diálogos sobre la vocación sacerdotal y el llamado a la santidad.

Mouchette se suicida cortándose el cuello, Donissan la toma en sus brazos, la lleva a la Iglesia y la deposita en el altar. Este gesto extremo determina que sea desposeído de su curato y enviado a otro lugar. Mientras tanto, ha levantado una fama de hombre santo. Un campesino lo va a buscar para que atienda a su hijo que agoniza de meningitis, pero cuando llega el niño ha fallecido. El cura intenta resucitarlo, fracasa y huye. Al final el padre Menou-Sagrais encuentra a su colega muerto dentro de un cofesionario.

La fotografía de Willy Kurant, director fotográfico que trabajó Orson Wells y Jean-Luc Godard, en algunas escenas con cromática manipulada, ayuda a ambientar como telón de fondo, tal como lo planteó Bernanos, el silencio de Dios. Donissan busca la señal en su mortificación, en la conversión de Mouchette o en la resurrección del niño. Nada, la divinidad permanece muda y sólo queda el camino de la fe, al que se resiste la razón en la duda que termina en angustia. Filme ambicioso como pocos, no en los escenarios, el reparto o los efectos, sino en la posibilidad de plantear grandes cuestiones intelectuales, sin transformar la pantalla en cátedra ni el discurso cinematográfico en sermón. Como era de esperar, cuando la película fue premiada en Cannes, una sonora silbatina saludó la decisión del jurado. Maurice Pialat contestó a la rechifla “sé que ustedes no me quieren, yo tampoco les quiero”. (ARD)

TRAILER DE ESTA PELÍCULA: https://www.youtube.com/watch?v=nQNuZQh-980

Caparucita-c