La amistad en tiempos de cólera

marai

Hace unos meses compré para regalar la novela La amante de Bolzano, del escritor húngaro Marai Sándor. Como no pude entregar el libro, me quedé con él y lo leí… para que no se desperdicie. Quien se lo perdió debería lamentarlo, porque es una obra exquisita y constituye un bello tratado sobre el amor, del que se pueden rescatar perlas: “Detrás de cada mal de amores aullaba la egolatría, tratando de salvar lo que pudiera salvar, exigiendo todo lo que una persona puede exigir de la otra, preferentemente sin entregar nada a cambio, nada verdadero o importante”. Eso es el amor, el amante solo se complace en la posesión del amado, el resto ni siquiera es literatura. Al amante no le interesa el bien del amado, quiere entrega y exclusividad. En cambio, la amistad quiere el bien del amigo. El amante evitará hasta la sangre que el amado se aleje en un viaje conveniente; el amigo se alegrará de que el otro tenga esa oportunidad y lo despedirá con pena, pero con sinceras enhorabuenas.

Curiosamente, para el amante es relativamente fácil tolerar que el amado piense distinto, con tal de que se le entregue emocional y físicamente. Entre amigos, soportar una discrepancia ideológica, religiosa, política o incluso estética es más difícil. Pero se puede y esa tolerancia es la prueba suprema de la verdad de la amistad. Hay afectos que surgen, justamente, al calor de la identidad ideológica, pero este sentimiento debe llamarse con precisión “camaradería” y no debe confundirse con la amistad que, si es verdadera, debe realizarse en el soportarse y, sobre todo, en el comprenderse, sin que esto signifique asimilarse.

Los déspotas por eso no entienden la amistad, para ellos solo existen la sumisión y la lisonja. Y nada les complace más que saber que sus incondicionales han traicionado o faltado a la amistad y al amor, por su causa. Para ellos, esa es la prueba suprema de cierta “lealtad” que, así entendida, sólo puede calificarse de bellaquería. En las tiranías nazi y comunista (tan idénticas que extraña que se hayan combatido) estos comportamientos eran la norma. No hay más que leer a los grandes novelistas de los países de Europa Oriental, Müller, Kadaré , Soljenitzin. Uno de ellos, Milan Kundera, nos dice: “En la era de los balances, la llaga más dolorosa es la que dejan las amistades rotas; y nada más idiota que sacrificar una amistad por la política. Me enorgullezco de no haberlo hecho nunca… Es necesaria una gran madurez para comprender que la opinión que defendemos no es más que nuestra hipótesis favorita, a la fuerza imperfecta, probablemente pasajera, que solo los muy cortos de entendederas pueden tomar por una certeza o una verdad”.

No nos engañemos, cuando las nubes se cargan es sensato prepararse para la tempestad. Sabemos que nos tocará experimentar situaciones como las que vivieron estos maestros, Marai, por ejemplo, bajo los nazis y los comunistas. No desoigamos su lira: “Detrás de la infelicidad se esconden la cobardía y la ignorancia”.

Publicado originalmente en Diario El Universo 
el 14 de diciembre de 2009
Imagen: Marai Sandor. (Estatua en Košice,Eslovaquia.
Fotogafía de Marian Gladis, Wikicommons)