¿Puede el cine hacer filosofía?

Wittgenstein

Intelectuales de primer orden consideran a Ludwig Wittgenstein como el filósofo más importante del siglo XX. Cuando publicó su único libro, el Tractatus logico-philosophicus, (no es muy grueso, unas 248 páginas), el autor dijo que allí resolvía todas las cuestiones importantes de la filosofía. Hijo de uno de los hombres más ricos del mundo, Wittgenstein nació en Viena, en un tiempo en el que se acumulaba allí una impresionante galaxia de creadores y pensadores: Klimt, Schiele, Kokochka, Loos, Mahler, Schönberg, Schnitzler, Freud, Herzl… que gestaban ideas tan diversos como el sionismo, el nazismo, el psicoanálisis, la música atonal… Era el crisol en el que se fundía el aporte de las decenas de culturas que integraban el imperio austro-húngaro, Estado anacrónico en el que surgieron las más audaces innovaciones.

La biografía de un personaje tan complejo y sus ideas mismas, más complejas aún, son abordadas en este filme de Derek Jarman, que rueda su biopic en escenarios negros. Las propuestas de este director inglés siempre fueron vanguardistas, como el filme Sebastiane, hablado íntegramente en latín, pues narra la vida de San Sebastián, soldado romano. Este santo, gracias a un famoso y hermoso cuadro del Sodoma, se ha convertido en ícono del erotismo homosexual, como tal también es obsesivamente rescatado por Yukio Mishima.

El filósofo inglés Bertrand Russell, maestro de Wittgenstein, dijo de él: “quizá el más perfecto ejemplo que he conocido de una genio tal y como se lo concibe tradicionalmente, apasionado, profundo, intenso y dominante”. Renunció a su descomunal herencia, se fue a vivir en una aislada cabaña. Mientras estuvo prisionero al terminar la Primera Guerra Mundial dio a luz Tractatus, del que decía que consta de dos partes: la que está escrita y la que no fue escrita y ésta es la más importante. Todo puede ser explicado por proposiciones lógicas, con lo que inició una de los más importantes temas de la filosofía contemporánea, el análisis del lenguaje. La conclusión de tal pensamiento es que los límites del mundo son los límites del lenguaje. Sin embargo, mantiene la idea de que lo que no puede ser dicho puede ser “mostrado” abriendo paso a la experiencia mística.

Esta concepción tan totalizadora del lenguaje, entendido como leguaje hablado, dificultaba notoriamente la realización de una película. Pero la manera en que el filme se construye, que esencialmente es una serie de personajes hablando o conversando entre ellos, con un trabajo de cámaras muy austero, intenta contenerlo todo en las palabras, aproximándose así tangencialmente al pensamiento del filósofo. Sin embargo, hay una escena, basado en una auténtica vivencia de Wittgenstein, en la que éste se muestra desconcertado y cuestionado por una “mala seña” que ha visto hacer en la calle, y sugiere que esto plantea nuevas dimensiones más allá de los sonidos articulados que llamamos palabras.

Al regresar Wittgenstein a Viena se dedicó a la enseñanza de niños campesinos y también fue jardinero en un convento. Después de un largo retiro de toda actividad académica, retornó a Cambridge, donde se inició el llamado “segundo Wittgenstein”, dedicado a criticar sistemáticamente los enfoques del primero. Encuentra que el absurdo de intentar decir “lo que sólo puede ser mostrado” además de lógicamente insostenible es éticamente indeseable. Obsesionado por la honestidad del pensamiento no vuelve a publicar, los escritos que luego se editan como suyos son, en realidad, apuntes de clase de sus alumnos.

Wittgenstein fue bisexual, condición legalmente proscrita, pero que era moneda corriente en los círculos intelectuales ingleses de su tiempo. Hay una innegable complacencia en Jarman para mostrar escenas homosexuales explicitas. En ellas incluye al famoso economista John Maynard Keynes, gran amigo del pensador austríaco, quien, como el director de la película, tenía esa inclinación. ¿Qué tanta influencia tuvo ésta en el filósofo?, es una pregunta que se han hecho varios estudiosos de su vida y de su pensamiento. No hay una clara relación. Pero, en cambio, si lo es definitivamente para el caso de Derek Jarman, cuya obra está marcada por su homosexualismo, que lo llevaría a hacer un cine diferente, como él era diferente. La sensibilidad gay abre un paso privilegiado, aunque no exclusivo, a las nuevas propuestas estéticas. La radicalidad de esta visión en el cineasta se acentuaría al enterarse que estaba contagiado de sida y hacer pública tal situación, lo que ocurrió en 1986. Wittgenstein data de 1993, cuando estaba ya gravemente tocado por la enfermedad que le haría perder la vista y le llevaría al planteamiento más extremo que fue el filme Blue. Este consiste en un fondo azul invariable, cuya “acción” reside en su compleja y exquisita banda sonora.

Si el pensamiento lógico de Wittgenstein no llega a expresarse en la cinta, en cambio la rigurosa consecuencia entre vida y obra que se impuso el filósofo, encuentra paralelismo en Derek, quien asumió y llevó adelante un compromiso similar. En sus atormentadas existencias un eco de una de las máximas éticas del gran vienés: “simplemente mejórate a ti mismo, eso es todo lo que puedes hacer para mejorar el mundo”. (ARD)

ESCENA DE LA PELÍCULA

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