El pavor de una utopía

fidel-chico    La película de Yanara Guayasamín Cuba, el valor de una utopía no es un documental, vamos a decir que es un manifiesto. Eso sí, hecho con honradez. No voy a hablar sobre los valores cinematográficos de la cinta, porque no pretendo convertirme en crítico y el análisis de contenido es más afín a mi formación. Cuando una obra de arte, cualquiera, se alinea con determinada posición ideológica, es legítimo establecer un diálogo o una polémica con ella desde una posición ideológica. Y ese es el caso de Cuba, el valor de una utopía.

Intenta el filme una mirada retrospectiva de la revolución cubana como hecho, para lo que se recurre a fragmentos de documentales de la época y sobre todo a testimonios de gente que vivió de cerca el proceso, entre los cuales el propio Fidel Castro que llega y se va en una caravana de imponentes Mercedes negros. El resto… un poeta viviendo en la inopia, un administrador de un quiosco de tiro al blanco tan subempleado como el 50% de los ecuatorianos, artistas y periodistas en condiciones de suma modestia… ¿Es esto lo que se buscó en 1959? ¿Es esto dignidad? ¿No cabe, al cabo de 50 años, más bien hablar de necedad, en el sentido de porfía en un fracaso?

La toma de partido de los autores a favor de la revolución castrista es clara, aunque no tratan de ocultar la verdad evidente: que la utopía no se ha conseguido. A más de unas vagas declaraciones sobre lo difícil de la vida en Cuba, porque a ratos los entrevistados parecen estar contentos con sus dificultades, el escenario de la mayor parte de la película es La Habana en ruinas. Pero para eso están las explicaciones de la pobreza generalizada que se reiteran: la caída de la Unión Soviética y el “bloqueo” norteamericano. Lo primero es una demostración de pésimo manejo político y económico el depender absolutamente de una sola potencia, es exactamente, y el caso lo demuestra, lo contrario de la soberanía. Frente a lo segundo, el fin del embargo significaría libre comercio, libre negociación de divisas, inversión extranjera y otras situaciones que, hasta donde entiendo, no son compatibles con los ideales de la Revolución. Son pues, pésimas explicaciones a las que se añade la curiosísima teoría de que la gente se va o se quiere ir de Cuba por razones económicas y no políticas. Es la misma tesis que sostenía un presidente ecuatoriano para quien había que ponerles cero en economía a sus ministros, pero diez en política. Buena calificación que no evitó el descalabro económico… y político.

No pasaron desapercibidas las alabanzas de los Comités de Defensa de la Revolución, célebres órganos de represión, ni la declaración de que el socialismo del siglo XXI es la alternativa del futuro (¡ajá!) expuestos sin contraste. La única voz crítica es la de un campesino visiblemente pauperizado, quien termina diciendo que lo mejor es cerrar la boca. Es el pavor, el pavor de una utopía.

Publicado originalmente en Diario El Universo 
el 11 de mayo de 2011
Imagen:Foto tomada del portal de Martinoticias