Más que una gran tragicomedia

Fue una comedia pensada en divertir sin complicaciones. Realizada en 1965, cuando estaba por empezar la revolución de valores que supusieron la liberación sexual, el jipismo, el auge de las drogas, el feminismo, esta película, que no tenía pretensiones sociológicas y ni psicológicas, presenta atisbos de lo que estaba por venir. Está inserta en la estética beat, las hombres comenzaban a llevar el cabello largo y las faldas se acortaban, preludiando el cambio que se manifestaría furibundo a partir de Mayo del 68, Woodstock, Summer of Love y otros eventos que marcarían derroteros sin retorno.

La cinta fue dirigida por Clive Donner. No era un gran cineasta, pero había ganado un Oso de Plata especial del jurado en la Berlinale de 1963 con The caretaker, basada en una obra del futuro premio Nobel Harold Pinter. A Donner se lo incluye en la Nueva Ola británica, menos conocida que el movimiento francés de la misma denominación pero afín en sus postulados. No olvido que en América Latina más que “beat” o “beatnik” decíamos “nuevaoleros”. Sin embargo, lo que convertiría a What´s new, Pussycat en un hito, fue el estreno de Woody Alen como guionista y actor. El elenco actoral es impresionante, encabezado nada menos que por Peter Sellers y Peter O´Toole. El primero tenía a su haber una nutrida filmografía, había filmado Teléfono rojo y Lolita con Stanley Kubrick y comenzaba a ser el popular inspector Clouseau de La pantera rosa. Por su parte O’Toole que había demostrado su maestría para el drama en Becket y Lawrence de Arabia, aquí hizo ver que también podía con la comedia. Están rodeados de una constelación de hermosas actrices… Romny Schneider, en la flor de su carrera y de su gracia, la actriz y modelo francesa Capucine, la sensual Paula Prentiss, la despampanante Ursula Andress y, como contrapunto, la cantante Edra Gale, cuya rotunda abundancia también apreció Fellini. La música de Burt Bacharach pone ambiente, especialmente porque la canción What´s new, Pussycat? tuvo un enorme éxito interpretada por el cantante galés Tom Jones. Y la fotografía en tonos apastelados del Technicolor ayuda a sumergirnos en medio de esa coyuntura de los sesentas.

El personaje central Michael James es un erotómano que, para agravar la situación, trabaja como periodista de modas, condenado a estar rodeado de bellas damas. Peter O´Toole presta su melancólica apostura a este personaje al que las mujeres, literalmente, le caen del cielo, como ocurre cuando una paracaidista que encarna Ursula Andress aterriza en su descapotable en marcha. Pero este incorregible y exitoso seductor está muy enamorado de Carole, la perfecta Romny Scheneider, quien presionada por sus padres quiere casarse con él antes de cualquier cosa. Michael busca remedio para su adicción que, a pesar de su amor, lo lleva a ser constantemente infiel. Para curarse consulta a un psiquiatra austríaco llamado Fritz Fassbender (Peter Sellers). Este facultativo, de alisada melena beat y trajes de terciopelo rojo, no piensa sino en sexo, pero su estrafalario aspecto no le ayuda a cumplir sus fantasías. Es el conocido tipo del galán fracasado y morboso que hará famoso Woody Alen en sus subsecuentes películas. Fassbender está obsesionado por una paciente suya Renée Lefebvre (Capucine), quien al conocer en la consulta a James, como era de esperar, queda inmediatamente subyugada. Lo mismo había ocurrido con Liz (Paula Prentiss), una bailarina de danzas exóticas.

Por su parte Carole, ante las permanentes traiciones de su novio, comienza a verse con Victor, o sea Woody Allen, que ya para entonces, como siempre, se representa sí mismo con sus traumas y manías, sobre todo sexuales. Entonces el cómico judío sólo tenía 29 años, con apariencia de colegial inseguro y perdedor. Al final todos convergen en Chateau Chantel, un hotel de la campiña francesa cuyo propietario alardea de que es un sitio donde se hospedan toda clase de parejas irregulares. Todo termina en un alocado mare magnum, con persecuciones, encuentros inesperados, policías, una carrera de gocars y el matrimonio de James y Carole.

La realización de What´s new, Pussycat tuvo peripecias que determinaron su calidad. La primera parte es interesante y de fino humor. Decae en el intermedio que amenaza con aburrir y se desbarranca en el disparatado final. Hay mucho del mejor Woody Allen a lo largo de toda la cinta, pero se ve claramente que alguien metió mano en el guión. Estos cambios ocasionaron terribles disgustos a Allen. Tampoco se respetó la dirección de Donner, pues se impuso a Richard Talmadge como director adjunto, quien introdujo algunas ideas de la clásica comedia ligera americana, mientras que el proyecto de Allen era más cercano al cine europeo.

De todas maneras, varias facetas afortunadas salvan la película y la hacen digna de verse. En primer lugar, claro está, la genialidad de guionista. Después, la calidad del reparto reluce sobre las impertinentes intromisiones. Luego, como arriba dije, es un documento de una época decisiva para la cultura occidental. Más allá de que el costumbrismo sesentero nos conmueva con evocaciones, el momento psicológico del mundo se refleja claramente, todo está por cambiar, sentimos que el destape está por empezar, como efectivamente empezó, cabe decir, apenas meses después. En ese ambiente exacerbaba personalidades complejas y acomplejadas como las de Fritz Fassbender y Victor, caricaturas dolorosamente reales de una generación educada represivamente que súbitamente se vio abocada a una liberación que no creía merecer.

Otro factor que me impulsa a recomendar este filme es el tratamiento del problema de la erotomanía. El guionista, el director y el intérprete del personaje James con su dejo de tristeza, ofrecen un espléndido retrato de los conflictos y penas que produce esta adicción. Ya estamos en los tiempos que esta tendencia puede enfrentarse no como un “vicio”, sino como un disturbio de la personalidad. Curarse de este mal es lo que busca el periodista que acude al psiquiatra, que resulta un freudiano demente, otro arquetipo de esos años. Todo fracasará, ya casado Michael con su ansiada Carole, concurre a registrarse en un hotel y al flamante esposo se le escapa su coqueto estribillo “what´s new, pussycat”, traducido al ecuatoriano “qué fue, gatita”, lo que provoca una discusión con su pareja y demuestra que no está curado.

He recordado que antes de que se conociera la palabra beatnik y mucho menos jipi, cuando veíamos un hombre de pelo largo, quizá con barba y cierto atuendo particular decíamos “mira esa existencialista”. Había cierta imprecisión en esta denominación pero, acortando, esos movimientos o subculturas, como lo beat y el jipismo, por cierto que estuvieron profundamente influidos por la filosofía existencialista. Y Woody Allen es un lector confeso de los grandes maestros del existencialismo, en especial de Jean Paul Sartre. Incluso quiso encontrarse con él, topándose con la desagradable sorpresa de que el filósofo exigía dinero a cambio de aceptar recibirlo. El sinsentido de la vida, la condena a una existencia desnuda de toda esencia, la relatividad de todos los valores, han sido una constante en el cine del judío neoyorquino. Por eso los personajes de What´s new, Pussycat están absolutamente incapacitados para el amor, quieren reducirlo sólo a sexo. El atormentado James lo ve así, a pesar de que está objetivamente enamorado de Carole. Pero ese amor es parte de una pulsión morbosa, todo adicto utiliza y manipula a las personas para conseguir el objeto de ansia, el agravante con el erotómano es que ese objeto son seres humanos.

 

TRAILER DE LA PELÍCULA

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