La isla de los pingüinos

Una reveladora estadística informó que en Mónaco, Malta, Liechtenstein, Islandia y Andorra, desde 2006 no se comete ningún asesinato de mujeres. Esto contrasta con Latinoamérica que presenta cifras alarmantes de femicidios, solo recuerden Ciudad Juárez. ¿Qué tienen en común las naciones previamente citadas, a más de su respeto por el sexo femenino? Algunas cosas, poseen altísimos niveles de calidad de vida y de ingreso, pero además son estados diminutos (Islandia es más grande, pero su territorio útil es reducido y tiene menos de un millón de habitantes). Una vez más se comprueba que no por ser grande se es mejor.

Como creo que la calidad de un país no tiene que ver con su tamaño, desconfío de los procesos de “integración”. Los sudamericanos solemos creer que nos ha ido tan mal porque estos países, al independizarse, han ido cada uno por su lado, en lugar de crear una gran confederación. Entonces, ¿por qué a la diminuta Singapur le va tan bien? ¿Y por qué la gigantesca Unión Soviética fue el desastre que fue? A ver, aclarémonos, creo en una integración real, de los pueblos no de los gobiernos, en el libre tránsito de personas, de ideas y de mercancías. Eso sí trae prosperidad y bienestar. En cambio, la creación de gigantescos entes burocráticos transnacionales no sirve más que para aumentar la carga presupuestaria y dar sueldazos a los amigos.

Lo que se suele llamar “el sueño de Bolívar” consiste en crear un gran Estado latinoamericano, que sea tan poderoso militarmente que pueda darle una paliza de padre y señor mío a Estados Unidos. Eso es lo que quisiera la mayoría… pero ni siquiera hemos podido implementar mercados comunes a nivel subregional. En cambio, ponemos albarda sobre albarda, levantando sobre cada ente inútil otro peor. Así, tenemos una larga lista de sonoras vaciedades: Grupo de Río, Celac, Cepal, Comunidad Andina, Mercosur…

Hace unos años para respaldar sus afanes hegemónicos Brasil impulsó la creación de la Unión de Naciones de América del Sur, Unasur. El coronel Chávez piensa que él y sus socios albinos manejan el nuevo grupete, porque Lula les abraza y les hace creer que están formando un gran frente antiimperialista. Y ahora, además, les ha dejado nombrar secretario general a uno de sus panas, cuya esposa es la presidente de Argentina, electa gracias a una campaña que, como no se ha podido desmentir, fue financiada por el camarada venezolano. Estos cónyuges forman una simpática pareja, buenísima para los negocios, que en menos que canta un gallo ha triplicado su fortuna, a pesar de que la “prensa corrupta” (¡si son igualitos!) de su país se ha opuesto a tan sanos propósitos. A Néstor Kirchner lo apodan el Pingüino, no solo por provenir de la Patagonia, sino también por su parecido “físico” con el villano de la serie Batman así llamado. Por eso, a la aislada América del Sur, dirigida por una mayoría de mandatarios ilusos, se la conocerá desde esta semana como la Isla de los Pingüinos, poblada por pájaros bobos y solemnes (cf. Anatole France).

Imagen: El gran pingüino, grabado de 1849 en base de 
una plancha de la obra del conde de Buffon (1707-1787)
Publicado originalmente el 10 de mayo de 2010 en Diario 
El Universo