De la ludopatía

Las conductas que se constituyen en adicciones pueden ser buenas o inocuas, pero se vuelven patológicas cuando son tan frecuentes, repetitivas y difíciles de controlar, que producen un deterioro en el organismo del sujeto, en su patrimonio o en sus relaciones sociales. Son comportamientos que generan una sensación gratificante, debida a un proceso químico inducido en el propio organismo o procurado por la ingesta de una sustancia psicoactiva. Todo indica que están impulsadas por algún desarreglo en la química del cuerpo, que hace que el sujeto requiera siempre de un estímulo adicional para funcionar a plenitud. Estudios sugieren que en el desarrollo de las adicciones son determinantes ciertos genes, quien los tiene estaría predispuesto a tener esta enfermedad, pero su evolución dependería del medio cultural, de la historia de vida y de decisiones del afectado, como en todo fenómeno humano. Esto expresado de manera sencilla, porque se trata de un hecho complejo con múltiples implicaciones.

El problema no está en esas conductas (como el juego)o sustancias (como el alcohol) a las que se hacen adictas las personas, sino en las situaciones o condiciones que las llevan a la adicción. Por eso, cuando los Estados han tratado de controlar las adicciones prohibiendo el objeto de ellas (drogas, juego, alcohol) han fracasado invariablemente. Lo que consiguen es enriquecer a los delincuentes que se dedican a satisfacer a los adictos y aumentar con el factor riesgo la gratificación que produce la conducta adictiva (“el delicioso sabor de lo prohibido”). Mucho mejores resultados han dado políticas preventivas, básicamente una adecuada educación en el tema, y terapéuticas, el tratamiento de los adictos.

La afición al juego viene del gusto por el peligro. Los animales sienten cierto placer en asumir un riesgo para cazar, aparearse, etcétera, porque si no lo sintiesen no se aventurarían y no se alimentarían, ni se reprodujeran. El ser humano y los mamíferos superiores controlan esa satisfacción, procurándosela en actividades limitadas “por pura diversión”. Con la apuesta económica, la “amenaza” se incrementa y con ella el disfrute. Esta actividad ha existido en todas las culturas y sólo se hace mala si se vuelve adictiva (ludopatía), lo que ocurre en sujetos predispuestos para ello. Ahora, en una consulta sin pies ni cabeza, se está proponiendo la prohibición de los juegos de azar, abriendo la puerta al juego ilegal. ¡Cómo si el problema fuera el juego en sí y no las circunstancias que confluyen para crear la adicción!

En cualquier sitio serio sobre adicciones encontrará que hay tests para determinar si se padece de adicción al trabajo, al amor o al sexo. Existe la posibilidad real de hacerse adicto a estas actividades normales, es decir a hacer tal abuso de ellas que afecten la salud, la estabilidad de la familia y la economía del sujeto. Es probable que usted haya visto de cerca casos de trabajólicos o erotómanos, que han acabado sus vidas, familias y haciendas por estas tendencias. Entonces, siguiendo la misma lógica pervertida que alienta en la pregunta de la “consulta popular”, sería coherente interrogar si se quiere prohibir el trabajo, el amor y el sexo, para evitar que estas conductas se conviertan en un problema social.

Publicado originalmente el 7 de marzo de 2011 
en Diario El Universo

Ilustración: Of Course You Can Tell Fortunes with 
Cards. Grabado de Charles Dana Gibson (1867-1944)