Al avanzar con la novela el escritor se enamoró de su creación. La grandeza del amor opacó sus prejuicios y ella aparece majestuosa en su pasión, empequeñeciendo a los «buenos» del cuento… e incluso a los malos. Por eso, la verdadera tragedia no estará en el suicidio sino en la intolerable decadencia del amor.
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Imagen: Baile en el palacio de Hofburg, acuarela
de Wilhelm Gause (1853-1916).
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