El bramido del Tungurahua

No en vano es la cuna de Montalvo, Mera y Martínez. Y esto tiene su sentido. La novela es el género burgués por excelencia. En la pequeña villa de Ambato en el siglo XIX se consolidó un modelo burgués de organización social, que la diferenciaba de otras ciudades de la Sierra, en las que predominaba un modelo al que podemos llamar “aristocrático”. Luis A. Martínez, al describir al coprotagonista de la novela A la costa, el agricultor Luciano Pérez, evidente trasunto de su familia, dice que pertenece a “esa hermosa clase media, que no pica muy alto en asuntos de nobleza y que sin embargo, por el talento, las aptitudes y el patriotismo, es la primera de la república”. Se está refiriendo, evidentemente, a la burguesía. Era por tanto Ambato el lugar en el que tenía que producirse el primer boom de la novela ecuatoriana. El burgués es el ser humano que ha tomado su destino en la mano, sustrayéndolo de los héroes y de los dioses. Se enfrenta al mundo solo y reflexiona sobre sí mismo, sobre su individualidad. Esa reflexión se figura en la ficción de la novela.

Hay que tomar en cuenta que Ambato era solo un cantón cuando se produce la independencia. Recién se crea la provincia en 1860. Pero no ha dejado de crecer enTungurahua ve con desconfianza un modelo estatista, que no toma en cuenta la iniciativa privada y afecta sobre todo a los pequeños empresarios.todos los sentidos y la olvidada villa se transformó en la cuarta ciudad del Ecuador en el siglo XX. No debe ser accidental ni ajeno a esta afortunada historia, el hecho de que allí se levantó la primera imprenta del país. Novela, imprenta, burguesía, son factores coincidentes, que se potencian mutuamente.

En la divisa de “tierra de las flores y las frutas” hay un intento de vuelo poético ciertamente, pero define también tipos de cultivos que requieren pequeñas extensiones de terreno. Hubo grandes haciendas en Tungurahua, pero siempre la pequeña propiedad representó una fracción importante de la superficie de esta provincia, que en la actualidad es la que tiene mejor distribución del terreno en el país. Lo propio, al iniciarse el proceso de industrialización, se desarrollaron fábricas medianas, pero en la manufactura tungurahuense el pequeño taller tiene una importancia decisiva. El sistema financiero de Tungurahua refleja esa alta desconcentración de la riqueza y se concreta en financieras de mediano tamaño y en decenas de cooperativas. Surge así una burguesía con caracteres únicos, abierta y progresista.

A esta situación no se llegó gracias a ninguna “redistribución” del ingreso, sino a base del trabajo en paz y en libertad. Por eso Tungurahua ve con desconfianza un modelo estatista, que no toma en cuenta la iniciativa privada y en el que la economía va a ser dirigida por burócratas que jamás manejaron un taller ni dirigieron una cooperativa ni sembraron un huerto; funcionarios cuyas absurdas políticas laborales, impositivas y de otros tipos afectan sobre todo a los pequeños empresarios. Todo esto explica la vigorosa negativa en la consulta popular de la semana pasada, por parte de este pueblo indomable como el volcán Tungurahua e indetenible como el río Pastaza.

Imagen: El Tungurahua, óleo sobre lienzo de Luis A.
Martínez (1845-1902)

Artículo publicado originalmente en Diario El Universo 
el 16 de mayo de 2011