Las costureritas y el teratoma

Medusa ed

¡Ah, esas antologías de poesía popular! Ediciones baratas que llegaban con piezas como El brindis del bohemio, El seminarista de los ojos negros, Reír llorando y otros emotivos versos, entre los que nunca faltaba La costurerita que dio aquel mal paso, de Evaristo Carriego. Aprendíamos esos textos para declamar… (no se usa ya esa palabra y muchos jóvenes no saben qué significa). Años después, Borges me enteraría de quién fue Carriego… Ahora, muchos candidatos en estas elecciones me han recordado su famosísimo poema: “La costurerita que dio aquel mal paso/ y lo peor de todo, sin necesidad/ con el sinvergüenza que no la hizo caso/ después, según dicen en la vecindad”. Este cuarteto se ajusta exactamente a la relación que tuvieron los ahora disidentes con su actual contendor-presidente. Y es que, parafraseemos al poeta: “Da compasión verles aguantar esa maldad insufrible/ de sus compañeros, ¡tan sin corazón!”.

La costurerita del soneto “se fue hace dos días”. Pero las de nuestro cuento no, ahí siguen con sus “su cara y su ojos tan extraños”, como si no hubiesen tenido nada que ver con lo que está pasando. Estuvieron en los apaleamientos a diputados, en el asalto al Tribunal Supremo Electoral, mocionaron la destitución de los parlamentarios electos, dieron paso (ese fue el peor paso) a una consulta inconstitucional… es decir, fueron partícipes necesarios del golpe de Estado que nos llevó a la situación que ahora tanto les asusta. Pensamos que no había que ser genial para darse cuenta a dónde iríamos a parar con semejantes atropellos y esperaríamos una disculpa por lo menos. Pero nada de eso.

Nuestras costureritas creyeron que estaban embarazadas y hasta pensaron que daban a luz… mas no. Lo que pasó es que les extrajeron un teratoma. Este engendro consiste en un tumor formado por tejidos que normalmente son parte de un cuerpo, como pelo, dientes, y hueso. A veces tienen ojos, torso, manos y pies. A pesar de que poseen tejidos parecidos a los del corazón o incluso del cerebro, no llegan a tener órganos propiamente dichos. Los hay de dos tipos, benignos, que se mantienen encapsulados, y malignos, que hacen metástasis por el cuerpo del hospedante. No se trata de un ser vivo, de un feto o de un organismo autónomo, es como su nombre lo indica, un monstruo (teratos), o sea una “producción contra el orden regular de la naturaleza”. El teratoma de nuestras costureritas se llama “Constitución” de Montecristi, un cuerpo legal que contiene elementos que forman parte de las constituciones normales, disposiciones y declaraciones, pero que no llega a formar órganos propiamente dichos. Es un teratoma maligno que permanentemente hace metástasis en leyes y reglamentos. No se trata de una entidad legal, sino de un monstruo jurídico que, como su equivalente biológico, no tiene vida propia, a pesar de que muchos entusiastas gritan: ¡Vive!, ¡vive! Su padre biológico lo ha desconocido varias veces, saltándose alegremente sus disposiciones, a las que califica, no sin razón, de infantiles.

.

Imagen: Cabeza de Medusa, óleo sobre lienzo de Pedro Pablo
Rubens (1577-1640), las serpientes probablemente sean de
colaborador Frans Snyders (1579-1655) especialista en
pintura de animales
Artículo publicado originalmente en Diario El Universo el 4 de febrero de 2013

A %d blogueros les gusta esto: