Celos

Otelo_e_Desdémona_-_Antonio_Muñoz_Degraín

Generalmente se piensa que lo contrario del amor es el odio. No, lo contrario del amor son los celos…, “el mayor monstruo del mundo”, los llamó Calderón de la Barca. El que ama, en definitiva, se ama a sí mismo. El que ama, el amante, se siente un ser superior y cuando da con el objeto amado, que es para él maravilloso, piensa que se lo merece. Este deseo de posesión se culmina y se realiza en el amor correspondido, la sensación más maravillosa que los seres humanos podemos experimentar. Según una visión biologista del amor, tras esta voluntad de buscar lo mejor para lo mejor está el impulso de la especie para perfeccionarse. El mero sexo busca la supervivencia, el amor, la mejora.

En cambio, el celoso se odia a sí mismo. Se considera un ser inferior, indigno del objeto amado. Piensa que el amante lo dejará por el primero que pase o, en el mejor de los casos, por una persona superior. La maravilla de la sensación del amor tiene una expresión física de bienestar, de energía, de alegría, de salud. Se ha establecido que este efecto de complacencia es generado por una o varias sustancias que se activan en el organismo, tales como oxitocina, la dopamina y otras. Algunos de estos compuestos tienen “broches” químicos similares a la cocaína, al éxtasis y otras drogas que causan similares sensaciones. Con el fortísimo estímulo de los celos seguramente se producen reacciones análogas. Un escritor describía su vivencia de un episodio de celos como “una mala nota con cocaína”… esa misma ilusión de clarividencia, insomnio, energía que parece inagotable… algo debe haber. El celoso siente una sensación de malestar, que llega a ser físico y que solo puede describirse como infernal. Paradójicamente a muchas personas les gusta que las celen e incluso lo consideran casi una prueba de amor. Siguiendo el mismo razonamiento, es evidente que estas también adolecen de autoestima, por lo que buscan esta confirmación brusca, peligrosa, extrema de la dedicación del amado.

No extraña por todo esto que los celos sean una de las causas más frecuentes de violencia y hasta de homicidio. No me ha sido posible encontrar una estadística al respecto, pero no tengo la menor duda de que debe superar ampliamente el 90 por ciento de los casos de agresiones intra-pareja. La agresión del celoso tiene un componente suicida, quiere matar la causa de su propia inseguridad, de su convicción de inferioridad. Por eso también son los celos una causa frecuente de suicidio, sin que sea para nada raro el asesinato de la pareja celada concomitante con la autoeliminación en la misma escena. Los celos son, entonces, una de las más peligrosas conductas del ser humano, que lleva a la muerte a quien la padece y a personas de su entorno. Ahora que las autoridades están dando palos de ciego para frenar la creciente violencia que cunde en nuestra sociedad, sería conveniente que por decreto se prohíban los celos, que deben ser una de las causas más contribuyentes a esta sangrienta marea.


Imagen: Otelo y Desdémona, oleo sobre lienzo
de Antonio Muñoz Degrain (1753-1828). Representa
una escena de la tragedia Otelo de William
Shakespeare, cuya pasión dominante son los celos.


Publicado originalmente en Diario El Universo el 12 de julio de 2010