Mucha gente ha condenado alegremente el ataque israelí contra una flota turca que llegaba con ayuda “humanitaria” a la franja de Gaza. Quienes cuestionan rabiosamente la intervención de las fuerzas del Estado judío se dividen entre los que saben muy bien por qué lo hacen (y saben “mucho de geopolítica”) y los consabidos y mayoritarios tontos útiles. Ciertamente no se ha probado que la flota representara una amenaza real a la seguridad israelí, pero ¿qué había detrás de este incidente? El tema hay que remontarlo a algo tan lejano como la solicitud de Turquía de ser admitida en la Unión Europea. El Estado turco lleva décadas golpeando las puertas de la UE, sin que haya visos de que estas se vayan a abrir en un futuro previsible. Las razones que arguyen los europeos son varias, pero principalmente las cuestionables credenciales turcas en materia de derechos humanos y la ocupación militar de Chipre septentrional. Los turcos parece que se cansaron de suplicar ser la cola del león europeo y, más bien, han decidido ser la cabeza del ratón islámico. Turquía es, de largo, el país musulmán más desarrollado y podría ser el líder de esta importante parte de la humanidad. El gobierno de Ankara es dominado desde hace algunos años por el Partido Justicia y Desarrollo, un grupo islámico que a duras penas se contiene dentro de lo que puede llamarse “moderado”. Su líder, y actual primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, tiene preocupantes antecedentes extremistas.
Los turcos afirman que la UE es un club cristiano, que no está dispuesto a sentar a un mahometano en su sede. No creemos que sea así, pero ciertamente es, y debe ser, una agrupación occidental, consciente de su occidentalidad. Por eso, mientras quería ser parte de ella, Turquía se mostró muy pro occidental, tanto, que en el principal conflicto en el que se enfrenta Occidente con el mundo islámico, tomó decidido partido por el primero, convirtiéndose en aliada y amiga de Israel. Así no cabía duda del bando al que apoyaba. Pero tras su rotación hacia el Islam, Ankara comienza a hacer guiños a sus nuevos aliados. Uno de ellos fue el acuerdo logrado junto con Brasil, para ayudar a Irán, un fuerte pilar del islamismo, a enriquecer uranio. Lula da Silva, tan socarrón en la política interna brasileña, es naif en política internacional, y se prestó para esta componenda, tan mal hecha que fue rechazada no solo por Estados Unidos y la UE, lo que era obvio, sino hasta por China y Rusia.
Además, debía mostrar Turquía una nueva posición en el conflicto palestino-israelí. La flotilla para Gaza era una provocación a Israel. El ataque, en el que murieron algunos extremistas islámicos, le da al gobierno turco el pretexto para “revisar” sus relaciones con Jerusalén y demostrar su nueva alineación. Las condenas a la acción israelí proviene de los naifs, que creen en las intenciones “humanitarias” de los terroristas de Hammas, y por los agentes que, muy a sabiendas, están forjando una alianza antioccidental alrededor del mundo.
Imagen: Batalla de Kosovo, óleo de Adam
Stefanović (Perlez, 1832- Pančevo, 1867).
Este combate sellóel dominio turco de la
península balcánica
Publicado originalmente en El Universo el 21 de junio de 2010

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