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knack

Pensar que fue hace cincuenta años que en el festival de Cannes se premió a la película británica El knack y cómo lograrlo, es como mirar en un vórtice que se nos ha tragado bastante más de media vida. Tengo perfecta memoria del estreno del filme que trataba sobre “eso que algunos tienen y otros no”… pero ni siquiera intenté ir, porque mis padres no me lo habrían permitido aduciendo que “no era conveniente para niños”… bueno, ellos (y no sólo ellos, también los profesores y los clérigos) tenían la idea de que el cine era un entretenimiento peligroso que debía ser dosificado cuidadosamente, porque la mayor parte de las películas eran vanas y una buena parte perniciosas. Para ayudar en esa tarea existía en la ciudad la Honorable Censura Municipal, pero en casa la consideraban un organismo excesivamente laxo.

Por eso más o menos diez años después pude ver la mencionada película de Richard Lester, probablemente como doble en la matiné de un cine continuo… ¿qué es eso? Traduzcamos: salvo que se trate de un ultra largometraje de tres horas, siempre se pasaba la cinta de estreno acompañada de otra, de menor importancia o que ya se había visto en la ciudad, eso era un doble; matiné era la programación de dos y media a seis de la tarde; y cine continuo era la programación que se repetía sin cambiar en las tres funciones, de tal manera que se podía ver alterado el orden de los filmes o incluso “recortar” si se había llegado tarde, permaneciendo en la sala de proyección hasta que pasaba la parte que nos faltó por atrasados. ¡Dios, nada de esto es así ahora!

El knack… blanco y negro, obra del director inglés Richard Lester, deslumbra con su sencilla y enternecedora estética beat. Nada sorprendente, puesto que este realizador hizo las películas de los Beatles, Help! y A Hard Day’s Night. También hizo Cómo gané la guerra con la participación de John Lennon.

El knack es ese toque, ese don que algunas personas tienen y otras no para conseguir parejas, sobre todo si estas son eventuales. La búsqueda de una fórmula infalible o de un pócima mágica que nos dé el knack, es una de las fantasías o, mejor dicho, quimeras de la humanidad. De hecho, la búsqueda de esa receta ha dado de comer a hechiceros y brujos en todo el mundo y en todas las épocas. La Celestina es en nuestra lengua el símbolo literario por excelencia de este arte. Las mujeres buscan ese toque por lo general con el propósito de conquistar a “ese” hombre y no otro, mientras que la ambición de los varones es un elixir que haga a cientos de mujeres rendirse a su paso. Así son las afortunadas diferencias entre los sexos.

El filme trata entonces de un exitoso donjuan llamado Tolen (encarnado por Ray Brooks) al que admira y envidia Colin (Michael Crawford) su dueño de casa, un maestro de escuela intelectualoide, incapaz de seducir nadie. Éste interpela siempre a su inquilino por sus métodos de conquista, a lo que el petulante Tolen no sabe dar una respuesta concreta, diciéndole, por ejemplo, que la clave está en la comida. En esto el artista Tom (Donal Donnelly) se traslada a vivir en otro de los departamentos que tiene Colin en su casa. Así llega Nancy Jones (Rita Tushingham) una inocente chagrita galesa a la que Tolen da por conquistada, pero ella resiste los lances del tenorio. Una de las posibles claves del knack puede estar, según su poseedor, en el tamaño de la cama, por lo que Colin y sus amigos, Tom y Nancy, van a un depósito de chatarra donde adquieren una gran cama de hierro con ruedas, con la que atraviesan Londres. La escena del paseo en cama es sin duda la más bella de la película y merece recordarse entre los grandes instantes del cine.

El final obvio y feliz va bien en esta comedia sin pretensiones, pero que demuestra cómo una película sencilla en todos los aspectos, puede transformarse en una obra de arte y a momentos en obra maestra. La complicación, en ninguna de las artes, es garantía de calidad. Y menos todavía lo son los efectos. (ARD)

TRAILER DE ESTE FILM

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