La apariencia en el poder y el amor

Kagemusha

El cine generaba sensaciones que llevaban la experiencia mucho más allá de lo cinematográfico: los bocadillos que comeríamos en la sala, el olor del celuloide recalentado y, a veces, la maravillosa textura de la mano de la novia. Por eso he tardado en acostumbrarme a ver películas en video y en casa, pero como las cadenas de cine en Ecuador poco ayudan, no queda otra… En estas disminuidas circunstancias vi hace algunas semanas esta película de Kurosawa Akira, maestro de maestros. Cuando faltaban unos diez minutos o menos para terminar el filme, que dura dos horas y media, al ver una escena muy característica me di cuenta de que la había visto antes, incluso me acordé del pariente que me acompañó y de sus comentarios. ¡Increíble cómo pude olvidarme de semejante joya!

Seguramente no estaba hace treinta y cinco años preparado para entender sus detalles y apreciar su rigurosa estética. Por ejemplo, la historia se desenvuelve a finales del siglo XVI, cuando poderosos señores feudales, llamados daimyōs, se disputaban el control del territorio japonés; uno de ellos, Tokugawa Ieyasu, que aparece en la narración, será el ganador de ese proceso de centralización del poder, que le permitiría proclamarse shōgun, gobernante de facto de todo el país. Antes yo no sabía quién era este magno personaje, pero ahora conozco algo sobre él, pues debí investigarlo para mi novela Morga. Cuando don Antonio de Morga, protagonista de mi relato y el hombre que más tiempo ha gobernado el Ecuador, fue teniente de gobernador y oidor de Filipinas, Ieyasu era shōgun e interactuó con las autoridades españolas de esas islas que él japonés aseguraba le pertenecían.

El argumento del filme va de que Takeda Shingen, uno de los principales daimyōs, descubre que un ladrón que debía ser ajusticiado se le parece de manera extraordinaria y lo hace su kagemusha, su guerrero sombra, su doble. La conversación que mantienen tres hombres prácticamente idénticos, el daimyō, su hermano y el delincuente, es una escena estática pero con la belleza de una pintura sobre seda. Durante el sitio de un castillo, Shingen es herido fatalmente, antes de fallecer pide a sus generales que mantengan su muerte en secreto durante tres años. El cuerpo del daimyō dentro de una vasija de porcelana es arrojado en un lago sagrado. Además de su parecido físico el doble aprende a decir con oportunidad frases que podrían ser las de un estadista. Los generales consiguen hacer pasar al kagemusha como el verdadero Shingen ante los soldados, a quienes motiva la presencia del líder, y ante los enemigos que temen al poderoso guerrero. Incluso lo consiguen con las concubinas del harén. En cambio, no les tan fácil engañar al nieto del señor, pero el guerrero sombra logra convencer al niño de que efectivamente es su abuelo y surge entre los dos un intenso afecto.

Un día, el ladrón intenta montar el caballo favorito de Shingen, pero el brioso animal no reconoce al jinete y lo arroja al suelo, lastimándolo. Cuando lo van a curar los sirvientes descubren que el hombre no tiene las cicatrices del daimyō y la impostura se revela. El clan Takeda admite la muerte de su jefe y celebra sus funerales. Un hijo de Shingen, desheredado por su padre, asume el liderazgo y desata una ofensiva contra sus enemigos que concluye con una aparatosa derrota que será el final del poderío de los Takeda. En ella también morirá el kagemusha que se involucra en la lucha cuando el combate ya estaba decidido. Antes había sido echado del palacio, pero regresa pidiendo ver a su falso nieto para despedirse, los soldados consideran esto un atrevimiento y lo expulsan a pedradas. El tema del nieto es el más amable componente de la historia y está descrito con gran delicadeza. Comprenderán los lectores que este pasaje sólo me haya asombrado en mi segunda vista de la película, cuando ya he experimentado los goces y angustias de la maravillosa experiencia del abuelato.

Además, está muy bien ver esta película en estos días en los que estrategas y marketineros políticos adquieren una relevancia inusitada y nos venden una especie de “políticos sombra”, seres que parecen ser y no son. Les enseñan a repetir un par de frases de efecto, a adoptar algunas poses, nada de sustancia ¡y listo! ¡A gobernar un país! No en balde se dice que en política las cosas son lo que parecen. Es interesante reflexionar si alguien que parece un estadista, ¿lo es de hecho? ¿Dónde está la verdad en el campo de la política? Pensemos también en alguien que parece nuestro abuelo, ¿es realmente nuestro abuelo? ¿Dónde está la verdad en el amor? (ARD)

TRAILER DE LA PELÍCULA

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