Corbatas

Encorbatados Me encantan las corbatas, contemplarlas, usarlas, tocarlas… la moda masculina de los siglos XX y XXI ha relegado la creatividad, la alegría y la imaginación a estas bandas delgadas. ¿Elegantes? Ese es un valor cuya subjetividad lo torna irrelevante (y me alzo de hombros al escribirlo). Una buena amiga sostiene que los hombres usan corbata para competir entre ellos, pues las mujeres no toman en cuenta este adminículo. Según ella con las carteras ocurre algo parecido: con sus bolsos las mujeres compiten entre ellas, sin que interesen a los hombres. Probablemente tiene razón.
He oído decir que la corbata separa el corazón de la cabeza. Gran razón para usarla. En estos países contaminamos siempre el pensamiento con “el corazón”, de allí la poca racionalidad con que solemos proceder en política, en la administración de las empresas y en todos los aspectos de la vida. Somos “románticos” y nos ufanamos de serlo. El poeta alemán Heine ha demostrado que la opción de los románticos siempre es el despotismo, anhelan ser gobernados por héroes, por próceres generosos. Les gustan las emociones, no las instituciones. Entonces bienvenido el uso de estas bandas si evita que el pensamiento se reblandezca con espasmos romanticones.
El valor más importante de la corbata es el semántico, su capacidad de ser símbolo y expresar ideas. El color es uno de los “semas”, de los elementos significantes o significativos de este medio. Así, usar corbata roja, azul o negra, en determinados países, en determinados momentos, tiene un específico significado político, expresa la militancia en una ideología, sino pregúntele al historiador socialista Enrique Ayala. El diseño puede ser otra unidad de significación, los dibujos o motivos que decoran la corbata pueden servir para expresar afectos y aficiones. En mi caso particular, siendo un birdwatcher, aficionado a la observación de pájaros, las compraba siempre que podía con imágenes de aves. Como también soy macacólogo amateur, es decir coleccionista de conchas y caracoles, me interesa la biología marina, lo que me ha llevado a lucir tiburones, delfines, atunes… claro, atunes.
El tipo de corbata también expresa algo sobre la persona que la lleva. Abbott Combes nos dice que “la mayor parte de hombres que usan corbata de lazo, lo hacen porque la mayoría de hombres no lo hacen”. La idea parece calzar con un político heterodoxo como Humberto Mata. No me siento más que nadie por tener corbata pero rechazo que alguien se sienta superior por no llevarla. El no usar corbata es una forma de protesta tan antigua como esta prenda. Quienes al rechazarla quieren aparecer populares o contestatarios están, de hecho, entrando en el juego semántico de la corbata. Todo esto nos lleva a dar razón al gran novelista Alberto Moravia, quien dijo que “una prenda útil, por ejemplo una chaqueta, es insignificante precisamente por su utilidad… Al hombre moderno solo le está permitido un accesorio que revela su visión del mundo y señala su presencia en él: la corbata”.
Siendo como, lo hemos probado, fundamentalmente un medio de expresión, no extraña que los enemigos de la libertad de expresión abominen de la corbata. Allí están Ahmadineyad, Chávez, Fidel Castro y Su Majestad Inefable con sus blusas de mesero de restaurante de comida típica.
Fotografía: Oscar Wilde, Francis Scott Fitzgerald, Marcel Proust y Gabriele D’Annunzio debidamente encorbatados como corresponde a los grandes escritores
Publicado originalmente en agosto de 2007 en Diario 
El Universo