La doctrina de Dietrich

MarleneSí, estimado lector, leyó bien, no escribí Dieterich, porque lo que quiero aquí es hablar de belleza, de inteligencia, de integridad. De todos esos valores que encarnó Marie Magdalene Dietrich, que ahora mora en el Olimpo con el nombre de Marlene Dietrich. La actitud de esta bella actriz frente a la dictadura hitleriana es un ejemplo que nos muestra que los principios y la ética están antes que el nacionalismo y sus falsos méritos.

De casta militar prusiana, fue actriz de cabaré hasta que el genial cineasta alemán Josef von Sternberg la descubrió y la hizo famosa en el filme  El ángel azul,  título que llegó a ser sinónimo de su nombre. Director y actriz hicieron una triunfal entrada en Hollywood. Su rostro, su voz y sus piernas enloquecieron a Norteamérica. Su rara conjunción de talentos la convertía en un ejemplar preciado y excepcional de la raza alemana, de la casta en nombre de la cual el nacionalsocialismo emprendió la guerra más sangrienta de la historia de la humanidad e instrumentó uno de los más atroces genocidios. El tirano le ofreció ser la diosa de los arios y millonaria. Pero la bella rechazó su oferta a pesar de que su mejor momento ya había pasado en Estados Unidos.

Su resistencia al nacionalsocialismo no fue pasiva. Su casa de Hollywood fue un centro en el que se reunían los más importantes artistas e intelectuales que huían del socialismo nacionalista. No debe haberle importado, suponemos, el saber que Hitler llegó al poder y lo refrendó varias veces a través de elecciones que nadie ha podido calificar de fraudulentas. El error y el crimen no dejan de serlo porque la mayoría lo decide. Y más aún, durante la guerra recorrió los frentes de guerra montando espectáculos para animar a los soldados que combatían contra las tropas de su propio país. La melodía  Lili Marleen  no fue compuesta para ella, y mucho menos dedicada a ella, pero se hizo famosa en su voz, convirtiéndose en un auténtico himno a la libertad.

Por supuesto que los nacionalsocialistas la calificaron de traidora y de vendida a la bancocracia judía. Por esta causa todavía es poco querida en Alemania, pero su actitud demuestra que la ética y la libertad están por encima del “patriotismo”, lo que hace el gobierno de un país no obliga moralmente a sus ciudadanos, y ante los abusos estos pueden y deben resistirlo. La colaboración con una potencia extranjera es, en los casos extremos, legítima y hasta patriótica en el sentido inteligente de la palabra.

Hace unos meses se conoció la correspondencia que intercambió con Ernest Hemingway. En esas cartas el escritor se muestra fascinado con la inteligencia de Marlene, a cuya opinión sometía sus manuscritos. Por fortuna no fue un ángel, dicen que fue amante de María Félix (¡que envidia a las dos!) y de otras, y de otros… eso no cambia en nada la veneración que le debemos los amantes de la libertad.

Imagen: fotograma de la película Morroco (1930)
Publicado originalmente en 19/11/2007 en Diario El Universo