Calamares a la romana

Publicado el  22 de octubre del 2007 
en Diario El Universocalamita

El derecho romano consideraba que la propiedad era “jus utendi, jus fruendi et jus abutendi”. Esto quiere decir el derecho de uso, de usufructo y abuso de un bien. ¿Serían tan brutos y mediocres los romanos para considerar que estaba bien el “abuso” de la propiedad, no querrían más bien decir otra cosa? No, no querían decir otra cosa y no eran brutos ni mediocres. Se quería evitar que a cualquier magistrado se le ocurra que tal uso que no le gustaba, de una cosa que le gustaba, era abuso y ¡traiga! Por ejemplo, que venga un lictor, cónsul o pretor a quitarles sus calamares porque estaba “abusando” de ellos, por ejemplo, al comérselos en cebiche y no rebosados como solían los romanos. Sabiamente los repúblicos romanos preferían el abuso de los bienes, cuyo límite es el sentido común y tiende por tanto a no repetirse, al abuso de autoridad que no tiene límites y tiende a hacerse indefinido.

En ese escrito que el Conesup ha preparado para que sobre él elabore la Asamblea la nueva Constitución, se dice: “La propiedad, en cualquiera de sus formas, mientras cumpla su función social constituye un derecho que el Estado reconocerá y garantizará…”. Esto de la “función social de la propiedad” es una vulgaridad, porque así debe llamarse, según la Academia, a lo que “carece de novedad e importancia, o de verdad y fundamento”. Este tópico de la “función social” ha sido repetido hasta significar cualquier cosa, es muy peligroso precisamente por eso, porque puede significar cualquier cosa. Pero, para prevenir este peligro, el sapientísimo escrito del Conesup define que cumplir la tal función es producir en los términos fijados en la ley, que su uso se dé con respeto al medio ambiente, que no vulnere derechos colectivos y que “contribuya al incremento y redistribución del ingreso y a la equidad social”.

Estamos totalmente de acuerdo en que el uso de una propiedad no comprende la posibilidad de vulnerar los derechos colectivos. ¿Por qué no se añadió “o individuales”, o esos sí se pueden vulnerar? Esto ya comprende el respeto al medio ambiente, quizá no había necesidad de repetirlo, pero el principio es válido. En cambio, al abrir la posibilidad de que alguien fije los “términos” en que una propiedad debe producir, ya lanzó su tinta el calamar. Si esos “términos” significan precautelar los derechos colectivos e individuales, estaríamos otra vez redundando pero, de nuevo, tiene fundamento.

Pero si se quiere decir que los ediles, tribunos o censores van a decidir qué, cómo, cuánto y para quién va a producir una propiedad, entonces esta ha dejado de ser tal, porque ya no hay el derecho de uso y usufructo (no hablaremos del de abuso, porque no han de entender los senadores). Y aquello de contribuir “al incremento y redistribución del ingreso y a la equidad social” es otra vulgaridad sin novedad y fundamento, cuya aplicación puede significar cualquier cosa. Este enredo no es solo producto de la poca destreza redaccional, sino que tiene el oscuro propósito de abrir la posibilidad de que un lictor, cónsul o césar (este último más probablemente) pueda implementar cualquier arbitrariedad con base en un mandato tan plástico y polisémico, y se comerá nuestros calamares.