¿Cómo lo llamarías?

french mintLos primeros estudios sobre temas económicos provienen de filósofos que comenzaron a tratar los aspectos éticos y morales que implica todo lo relacionado con la propiedad, el comercio, los contratos, etcétera. Santo Tomás de Aquino fue uno de ellos. Tras de él, los escolásticos avanzaron mucho en el desarrollo de esta problemática. Luego se privilegiaron los factores técnicos de la economía sobre los éticos, pero eso no quiere decir que aquellos pueden prevalecer sobre estos, cualquiera sea el pretexto.

Esto vale, por supuesto y de manera absoluta, en relación con la moneda. Sin embargo, la práctica de los soberanos de robar una parte de ese valor a sus súbditos es muy antigua. Cuando las monedas tenían un valor real, consistente en el peso del metal con el que estaban acuñadas, por edicto de Su Majestad se recogían todas las monedas del país y se reacuñaban recortando un poco el peso del metal. Jamás se dio el caso de que se reacuñaran monedas más grandes. Cuando las unidades monetarias pasaron a tener un valor representativo, el robo se hizo mucho más sencillo, pues para ello ahora basta un decreto del gobierno. Este delito es lo que se llama devaluación.

En los billetes de algunos países decía: “El Banco emisor del Estado pagará al portador tantas monedas de oro”. Con esta leyenda, aunque rara vez se cumplía, se ponía de manifiesto que esos pedazos de papel o esos círculos de níquel valían en tanto había un valor real depositado en los bancos centrales. Cuando las burocracias internacionales impusieron el desatino de abandonar el patrón oro, ya no se consideró necesario tener la correspondiente reserva de metales preciosos y el valor de la moneda quedó peligrosamente librado a la voluntad de los gobiernos. Estos, en estricta ética, deberían respetar y hacer respetar el valor de las monedas. Pero jamás hacen así, siempre para sus propósitos las devalúan (roban).

Los que reclaman el manejo “soberano” de la moneda lo hacen con el único fin de que su gobierno pueda devaluarla (robar) según sus conveniencias. No hay ninguna otra razón. A la cuenta un billete es como un cheque. Si giro un cheque por determinada cantidad, estoy obligado a pagar ese monto. No puedo decidir, por mí y ante mí, que solo voy a pagar el 80 por ciento de lo firmado. Lo que no pueden hacer los particulares no lo puede hacer el Estado, porque este solo tiene un poder delegado. Para evitar atracos de esta índole el Ecuador encontró hace algunos años la solución de la dolarización, que es un remedio imperfecto, pero cuyos efectos han sido altamente positivos. Los que buscan salir de ella solo tienen un propósito en mente: devaluar, es decir, quitarle a la gente la parte correspondiente de su riqueza… algo que si lo hiciese un particular se calificaría de robo o estafa. ¿Cómo llamarías al banquero que te dice que, para favorecer a sus clientes más pobres y para solucionar su déficit operativo, te va a devolver solo el 75 por ciento de lo que allí depositaste?

Imagen: La ceca francesa. Grabado del siglo XV

Publicado originalmente el 17 de noviembre de 2008 
en Diario El Universo