Carta a Calvin

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Homenaje a la sabiduria y sensibilidad de Bill Watterson


Pequeño amigo:

Por las mañanas no me siento informado si no me entero de alguna noticia de tu vida de tira cómica, que sé no es feliz, porque nunca lo es la de los soñadores e inconformes. Como tú, fui remolón con mis tareas. Luego aprendería que aquellas que no te interesan simplemente no deben hacerse… Sí, esa es una opción que no está abierta para un escolar de seis años, mas cuando te acerques a los sesenta, todavía una maestra o unos padres dentro de ti tratarán de imponerte un “tú debes”. Igual, no les hagas caso.

 La gente no entiende que hables con Hobbes, tu tigre de peluche, pero mantienes esa amistad contra viento y marea. Luego, si te haces novelista o algo así, podrás confraternizar con tus personajes, u odiarlos o enamorarte de ellos, y no parecerás tan loco. Juegas a que eres una hormiga gigantesca que va a pisar una ciudad, en realidad eres un pequeñín que va a pisar un hormiguero. ¡No sabes las cosas en las que pienso cuando fumigo los nidos de las hormigas rojas! Claro que lo hago con licencia ecológica, porque son realmente unas invasoras extranjeras.

 Yo sé, y así lo dijo Bill Watterson, tu fidelísimo cronista, que Susie Derkins en realidad te gusta. Quieres llamar su atención diciendo asquerosidades o golpeándola con bolas de nieve… Después lo intentarás, por ejemplo, escribiendo libros, en los que no necesariamente tendrás que consignar pasajes repugnantes para destacar, aunque habrá colegas que así lo crean. De acuerdo, ella es demasiado correcta, me ha pasado, quisieras olvidarla, pero no puedes. No será la última vez que algo así te sucede, por suerte será en muy pocas ocasiones.

La semana pasada quisiste sorprender a tu mamá vistiéndote al revés, la camiseta en las piernas, el pantalón en los brazos y los zapatos en las manos. Te mandaron a cambiarte pronto, antes de que pierdas el bus. Las autoridades son más difíciles de soportar cuando juran que lo hacen “por tu bien”. Con la enorme sabiduría que mana de tu pequeña cabeza dijiste: “Es triste ver cómo alguna gente no acepta un poco de variedad”. Eso es exactamente lo que me provoca decir en el Ecuador del siglo XXI.

 Y está Moe, el grandulón abusivo que quiere hacer lo que le da la gana a cuenta de su tamaño. Los conozco, hoy su grito es “somos mayoría” y amenazan hacerte picadillo si no cumples sus deseos. Siempre es lo mismo, grasa contra gracia, masa contra musa. Está muy claro que el tupido gigantón es socialista: el otro día te obligó a “compartir” tu camioncito y cuando se lo entregaste dijo que “ahora sí estamos todos felices”… eso es el buen vivir.

Espero seguir viéndote, Calvin, gracias a Diario EL UNIVERSO, que repite tu historia a pesar de que, con la sensatez de los que se retiran, Watterson decidió hace veinte años no traernos más noticias tuyas. Pienso que se dio cuenta de que necesitabas crecer y enfrentarte de otro modo a los desdenes, los abusos y la ramplonería. En eso estamos todos, amigo.

Publicado originalmente en 2009 en Diario El Univers