¡Viva Gutiérrez!

OLGUITA

¿Qué pasó, qué pasó? Nada. ¿Y el título de tu artículo? Ah, sí. Estoy celebrando los ochenta años de Olga Gutiérrez, la mejor intérprete de pasillos que la historia oyó. Esa voz argentina (como quiera que entiendas este término aciertas) elevó ese género de la música ecuatoriana a cotas inigualadas. Formaba parte del conjunto Los Brillantes, del que era esencia y sentido, acompañada de músicos notables como Eduardo Erazo y el gran Homero Hidrovo. No se puede menos que brindar a la salud de esta dama, con un entusiasmo que jamás merecerá político alguno, aunque fuera bueno. Su formación superior le facilitaba llegar a una elevada expresión dramática sin necesidad de recurrir a los afalsetamientos y quiebros que daban un aire pueblerino a tantos buenos cantantes ecuatorianos. Las calidades de su voz le han permitido mantenerse vigente, esperemos que los homenajes a tan señera artista se multipliquen para permitirnos volver a disfrutar de sus facultades espléndidamente conservadas.

Pero si Olguita se mantiene incólume, no se puede decir lo mismo del pasillo, género que ella contribuyó tanto a enaltecer. Se hace cada vez más marginal, reservado a cenáculos en los que, forzoso es decirlo, su calidad se deteriora por la exigua técnica musical y la nula renovación. Ecuador es sin duda el país de América Latina que con menos tesón y acendramiento promociona la música nacional. Y el pasillo es la música nacional por excelencia, porque se trata de una entidad mestiza, que se cultiva y gusta en todas las regiones del país, a diferencia de los géneros andinos y montubios circunscritos a sus respectivas zonas. Y no hay que olvidar que las letras de muchas pasillos son creaciones de grandes poetas, lo que le da un enorme vuelo artístico.

Hay ciertamente esfuerzos loables de renovación, hablo de lo que hacen, entre otros, Margarita Laso y Juan Fernando Velasco (quien acierta al acompañarse con Olga Gutiérrez en su último proyecto), pero no se puede hablar de un movimiento masivo de renacimiento del género. Ahora que estamos tan cuidadosos de la conservación del patrimonio, a nadie le cabrán dudas de que este es un patrimonio cultural de primer orden, que es necesario rescatar, rescatar con vida. Por eso se debe estimular la creación de nuevas corrientes y propuestas dentro del género, pienso en algo tan avanzado como lo que logra Gotan Project con el tango, que no requiere apelar al patriotismo para gustar y asombrar. Y simultáneamente se requiere de un esfuerzo por conservar lo que se hizo, las grabaciones, los filmes, las partituras, de los grandes intérpretes del pasado, no solo para guardarlos en museos (lo que también ha de hacerse) sino para remasterizarlos, difundirlos, a través de ediciones de esos registros a precios accesibles (no regalados, por Dios, lo regalado no lo aprecia nadie).

Bueno, mientras sueño en este salvamento, siento una agridulce melancolía al poner a girar un viejo elepé (¿han oído esa palabra?) de Los Brillantes, Los triunfadores de Hollywood: Esta pena mía, Vértigo, Encargo que no se cumple, Rosario de besos… Los años pasan y hay cosas que mejoran con ese pasar.

Publicado originalmente el 3 de myo de 2010 
en Diario El Universo

Imagen: Fotograma de la película Los fenómenos del fútbol
de Manuel Muñoz (México, 1964)