“Me acordaré de ti como el olvido”

Esta película data de 1959. Obra de Alain Resnais (1922-2014) está considerada uno de los arquetipos de la Nueva Ola francesa, la mítica Nouvelle Vague. El guión fue escrito por la famosa novelista Marguerite Duras, sin embargo, Resnais destaca que si el filme debe algo a la literatura, no es a la novela, sino al teatro, género en el que también incursionó la Duras con no poco éxito. Varias veces el guión fue transcrito para teatro porque, en efecto, se presta para ello.

Se trata esencialmente de un diálogo complejo y agobiante, pero altamente poético entre dos personajes: una actriz francesa que ha ido a Hiroshima para filmar una cinta sobre la paz y un arquitecto japonés que vive en la ciudad mártir, quien habla un francés fluido, pues ha estudiado en Francia. Alguien podría considerarla una película “muy conversada”, porque su tema es una conversación que transcurre después de una noche de sexo a la que llegaron luego de un encuentro casual. Las primeras escenas apenas dejan una referencia de la relación carnal y sus antecedentes, como para poner un leve marco. En cambio, también al comienzo, hay un largo documental sobre Hiroshima, sobre su relación con el bombardeo atómico, casi convertido en el atractivo turístico de la ciudad. La protagonista, “Ella” hay que llamarla, porque jamás sabremos su nombre, hace un largo monólogo sobre lo que ha visto, las estremecedoras recreaciones del holocausto nuclear y la necesidad de tener memoria. Este personajes es interpretado por la actriz francesa Emmanuelle Riva (1927-2017), quien no experimentaría tanta fama hasta sus ochenta y cinco años, cuando la película Amour, de Michael Haneke le valió ser nominada al Oscar como mejor actriz . “Él” es encarnado por el actor japonés Eiji Okada (1920-1995) a quien fue el protagonista en la también memorable La mujer de arena.

Los dos personajes están casados y dicen que sus matrimonio son estables, incluso Él es enfático al describir a su mujer como hermosa. Considera que Ella es bella, pero luego se retracta y le dice que es fea, pero que le encanta su manera de ser fea. La fotografía estuvo a cargo de Sacha Vierny, en colaboración con el japonés Michio Takahashi, Es una película en blanco y negro, como la gran mayoría de filmes de la Nueva Ola, en la que el color sería un distractor de la abstracción esencial de la obra. Vierny fue un camarógrafo muy apreciado por los directores de esa tendencia. También trabajó en El año pasado en Marienbad, como ya comentamos en esta sección.

La memoria es el gran tema de la película. La memoria constituye al individuo como ser humano. Somos lo que recordamos, de allí lo trágico del mal de Alzheimer, en la que vemos como la personalidad, en el sentido más amplio, se esfuma progresivamente. En el monólogo inicial, Ella se refiere a la necesidad de conservar una memoria colectiva. Las sociedades también son constituidas por una memoria. Un país, una comunidad, una nación son lo que recuerdan. Estas reflexiones son graficadas con vistas del hospital de Hiroshima, del museo de la bomba y del Parque de la Paz, edificados en el lugar en que estalló el artefacto atómico. Él perdió su familia en la tragedia y le pregunta a la mujer qué hacía ese 6 de agosto de 1945. Ella recuerda que era un bonito día de verano en Francia y que por todas parte oía la palabra “Hiroshima”. Él, como todos los amantes masculinos, insiste una y otra vez en prolongar el encuentro por unos pocos días nada más, pero Ella, se mantiene tercamente en la decisión de que el affaire termine allí, puesto que debe volver a Francia al día siguiente. En realidad la relación muere varias veces en esas pocas horas y recomienza otra vez, como todas las relaciones, más en las que la clandestinidad añade intensidad dramática. Es un marco estrambótico, pero de ninguna manera casual, el escogido por Resnais y Duras para ambientar lo que a la cuenta es un romance, pero no se puede dejar de apreciar su maestría al reflejar complejas circunstancias históricas, sociales y culturales, sin abandonar el tono principal. Es una cinta de amor, pero también de guerra y de política.

También hay memorias secretas de lo inconfesable, de lo que quisiéramos olvidar. Aquello que no solamente no se lo contamos a otros, sino que procuramos no recordar. Por supuesto que también las sociedades tienen reductos que son ignorados sistemáticamente y reprimidos con violencia. Ella tiene un recuerdo vergonzoso y cruel, absolutamente vedado. Amó a un soldado alemán de la ocupación, ella lo vio morir, el militar agonizó horas bajo su cuerpo. Luego fue rapada, sometida a la vergüenza y el escarnio por colaborar con el enemigo. Enloqueció, fue encerrada en un sótano donde intentaba autodestruirse. Su reflexión es que la locura como la inteligencia no pueden entenderse, sino que están allí. El día que pudo salir fue 6 de agosto de 1945, justamente. Quiere librarse de estas atroces imágenes narrándolas a su eventual amante japonés. Su propósito es remplazarlas por las nuevas vivencias y, al final olvidar ambas. Imposible que esta problemática no nos traiga al gran poeta del olvido, Borges, y su sentencia “Sólo una cosa no hay. Es el olvido.” Un exasperante sonido de campanas en el fondo y otros recursos auditivos afilan la experiencia de esta película que demuestra que lo novedoso del cine no está en los efectos sino en una diferente manera de ver.

Ella proviene de Nevers, ciudad de su nacimiento, de su dolor y su vergüenza. Limitados flash backs nos muestran la memoria de esta urbe a la que no quiere volver jamás y anhela olvidar para siempre. Habla del Loira, el río que la atraviesa y que “tiene fama de bello”, en su orilla morirá el ignoto enamorado alemán. Al final Ella dice que se llama Nevers y que Él se llama Hiroshima y “una noche me acordaré de ti como el olvido”.

Artistas e intelectuales japoneses han criticado el filme, pues consideran que es una visión muy europea de la “tragedia nacional”. Alain Resnais tenía treinta siete años cuando lo realizó. Continuó haciendo cine hasta su muerte cincuenta y cinco años después, algunas de las cuales fueron interesantes, pero esta obra maestra se ha comido toda su fama. Es un trabajo de juventud, de esa generación brillante que creó la Nouvelle Vague, movimiento que irrumpió en los años cincuentas dando al traste con lo que quedaba del cine clásico francés. Por cierto estaba influenciada por el neorrealismo italiano, como ocurrió en todo el mundo, los Estados Unidos, incluidos. Las cámaras y micrófonos dejaron los estudios y se lanzaron a la calle no para retratar la realidad, sino para vivirla. El pensamiento del autor, sus reflexiones, obsesiones y preferencias se expresan de la manera que lo venían haciendo los escritores. Aun cuando siempre existió, sobre todo en Europa, cine de autor, con estas “olas” se consolida como el género más sofisticado e inteligente de la cinematografía. Las creaciones de este grupo se consideraron “demasiado avanzadas” para su época, sesenta años después siguen siéndolo.

 

TRAILER (en italiano) DE LA PELÍCULA

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