Modestamente

De la novela Rayuela de Julio Cortazar se ha dicho que “envejeció mal”, en el sentido de que perdió actualidad, pero siempre me pareció un experimento formalista, que trata de esconder en sus juegos de estructura y de figuras, la ausencia de narración. No enfrenta la historia y huye por los atajos de lo adjetivo e inesencial.

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Imagen: Niños jugando a la rayuela, pintura de
Théophile Emmanuel Duverger (1821-1898)