
Hay ídolos que representan a dioses, hay otros que retratan demonios. Unos y otros en realidad encarnan imágenes erróneas. Así ha sucedido con al Inteligencia Artificial (IA), no se trata de una divinidad ni de un engendro diabólico, sino de una tecnología con inmensas posibilidades. Será un grave error poner cortapisas a su desarrollo. Los Estados pueden controlarla, pero entregarles el monopolio sobre ella será una equivocación que lamentaremos durante milenios.
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Imagen: Alienígena, fotograma de la sere El Tunel del Tiempo de Irwin Allen
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