Esa voz que ahora calla

La descubrimos cuando dejábamos de ser adolescentes, proceso que nos tomó casi dos décadas. Contralto se llama esta voz, con tonos que ahora intentan definir como ásperos, arenosos, roncos, duros, ¡estertóreos! Todos los días aprendo palabras nuevas, mala costumbre que tengo ya por setenta años. Debería hacer más bien algo útil, como memorizar la letra de las canciones de la cantante Bonnie Tyler, galesa por más señas, que abordó el navío sin regreso el miércoles último en Faro, Portugal… el país del fado, que quiere decir destino. Menos mal que se puede escoger el lugar donde moriremos, hasta cierto punto, porque nuestro hado siempre dispondrá en último término cualquier cosa.

¡Anhelante! Esa es la palabra, porque cuando el amor, o el deseo, o la angustia, o la pena, atenaza el alma, la voz se estira, no cabe en la garganta y rasga el alma, se hace grave, como el estado de gravidez y la gravedad, y ha de tomarse en serio. Como cuando vas a decir “¿por qué tenía que lastimarte? Cuántas lágrimas puedo esconder”. O cuando propones “démonos otra oportunidad/e intentémoslo una vez más”. O si describes “parado en la fría lluvia, /sintiéndote como un payaso. Te duele el corazón./ Sólo te duele el corazón.” Son las cosas que habrías querido oír, o habrías querido decir. Aparte de su voz tan singular tenía Bonnie una gran sentido de lo dramático, con el que fascino en las últimas décadas del siglo XX.

Bueno, es como si hubiésemos sentido un “eclipse total del corazón”. Sin exagerar, si grave también significa serio, así fue, música para adultos. Me habría decepcionado que fuese demasiado popular, me espantan las multitudes. No ayuda en nada que sea un gentío con altos ingresos, eso lo empeora. Esta es música para pequeñas audiencias, siendo dos el número ideal de concurrentes. Perfecto, Bonnie, que pongan alguna de tus canciones en mis funerales, para que sean dramáticos. Solo tenemos derecho a una muerte y no vamos a desperdiciarla.