Alain Delon cumple ochenta años, entonces tenía treinta…

Arde Paris

La idea era comentar este colosal filme de René Clement, pero se nos ha cruzado con el octogésimo cumpleaños de Alain Delon, quien tiene un papel secundario en esta superproducción franco-americana. Pocas veces se ha reunido tal galaxia de estrellas, como en esta película que narra cómo el general Dietrich von Choltitz (protagonizado por Gert Fröbe) recibe la orden de Hitler de volar e incendiar París si los aliados logran entrar allí. La resistencia francesa se moviliza para acelerar la salida de los nazis de la capital francesa, ataca directamente y presiona para que los aliados ocupen la ciudad, lo que no estaba entre las prioridades de estos. Es entonces una cinta cargada de historia. Y como no es historia tan antigua, hay detalles que nos tocan a los que no somos demasiado menores a Delon. Éste personifica a Jacques Chaban-Delmas, un político que estaba muy vigente en los años setenta. El general Von Choltitz no da jamás la orden de destruir la Ciudad Luz y se rinde a los aliados, mientras Hitler pregunta vociferante “¡¿Arde París?! ¿Arde París?!” desde el otro lado de una línea telefónica que ya nadie contesta. En este largo largo metraje, que dura prácticamente tres horas, hay tiempo para mostrar las discrepancias dentro de la resistencia y muchos detalles históricos y psicológicos de lo que fue la liberación de París.

También actúa Jean Paul Belmondo, el gran rival de Delon en el estrellato francés. Estos dos actores prácticamente contemporáneos debutaron juntos en papeles secundarios en Sois belle et tais-toi, actuaron en la recordada Borsalino y quisieron revivir las viejas glorias en Uno de dos. Varias veces han expresado su amistad y hasta la admiración mutua, pero el público los concibe como rivales, porque sus personalidades, los personajes que han encarnado y hasta su aspecto físico, los constituye en dos arquetipos opuestos, casi en dos maneras enfrentadas de ser y de estar en la vida. Entonces, el duro y cínico Belmondo alinea a una fanaticada enemistada con la del delicado y sigiloso Delón. Como Joselito y Juan Belmonte dividían al mundo taurino entre “los de Juan y los de José”, así se puede decir que estos actores dividieron al mundo del cine entre “los de Belmondo y los de Delon”. Confieso que soy de estos últimos, porque aparte del tremendo talento como actor de Alain, manifestado en El gatopardo, en Rocco y sus hermanos y en decenas de otros brillantes papeles, su ambigüedad me parece fascinante, no es un hermoso y delicado efebo, sino que hay en su belleza tan pulida una vena vulgar, que lo convierte más en un galán de barrio popular que en un querubín de salón. Esta sugestiva y misteriosa ambivalencia me llevó a esmerarme para que, en mi novela Todas las aves, el personaje principal se pareciese al gran actor francés.

¿Arde Paris? está basado en un best-seller de esa exitosa pareja de autores que son Larry Collins y Dominique Lapierre. Pero en la confección del guión colaboraron nada menos que Gore Vidal y Francis Ford Coppola, junto con los franceses Jean Aurenche, Pierre Bost y Claude Brulé. La música es, para no desentonar, de Maurice Jarre e incluye la canción Paris en colère, cantada por Mireille Mathieu. Y el reparto actoral, bueno, aquí van algunos nombrecitos: Leslie Caron, Kirk Douglas, Glenn Ford, Yves Montand, Anthony Perkins, Simone Signoret, Orson Welles… ya ven. Bruno Cremer es talvez menos conocido, pero hace un papel muy importante en una narración que es más bien episódica, con cortos fragmentos que contribuyen a crear un vasto mural épico. No se puede decir que en los 175 minutos que dura la película el interés decaiga y más bien hay varios tramos vibrantes.

¿Arde Paris? tiene más de manifiesto patriótico que de documento, a pesar de las escenas documentales insertadas, como el ingreso del general De Gaulle a la ciudad. Y aunque se rescata ciertamente la figura del general Von Choltitz en su decisión de no acatar el bárbaro mandato de Hitler, los buenos, los aliados y sobre todo los miembros de la resistencia, aparecen tan sagaces como heroicos, mientras sus adversarios se retratan como deshumanizados, crueles y hasta ignorantes. Consigue eso sí una rara e interesante amalgama entre la magnificencia del cine americano, con la elaboración psicológica de las películas europeas. Esta feliz combinación también incluye alguno que otro defecto de ambas cinematografías. (ARD)

ESCENA DE ALAIN DELON EN ESTE FILME

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