Ecología y tauromaquia


Publicado en Revista Brava, No.1, pag.8-9, Quito, 1ro. de diciembre de 1997

 

Tauro

La tauromaquia es tan antiecológica como el steak a la pimienta y los zapatos al cuero. Claro que hay gente que no lo entiende así, pero en general son personas que no entienden nada o que no están dispuestas a entender nada. Lo ecológico se refiere a la defensa del medio ambiente (de allí lo de “eco”, casa), nos preguntamos, entonces, qué tiene que ver la muerte de algunas reses en una plaza de toros con la ecología. Tampoco son antiecológicas las peleas de gallos (que no nos gustan), ni el boxeo (que encontramos detestable) y ni la caza, practicada con cierta ética, medida y control. Existe en la mente de algunas personas una penosa confusión de conceptos: ecologismo, proteccionismo, pacifismo, vegetarianismo…¡todo les parece lo mismo!

El proteccionismo es una actitud que alienta a las sociedades protectoras de animales a evitar la crueldad de animales silvestres o domésticos. Propósito laudable, pero cuestionable, pues no es posible establecer con certeza la manera de sentir dolor de las distintas especies. ¿Siente dolor una mantis macho que está copulando a su hembra luego que ésta le ha devorado la cabeza? También es difícil determinar que es crueldad. ¿Es cruel montar a caballo, ordeñar vacas, matar cerdos, soltar palomas a miles de kilómetros de su hogar? Los hombres tenemos actitudes y conductas hacia los animales sobre las que nunca les hemos preguntado si lo hacen felices. La actitud de los proteccionistas no es animalista, todo lo contrario, peca de un antropo-centrismo miope, pues traslada a otras especies valores humanos. Quien crea que no “existe crueldad” en la naturaleza es probablemente el habitante de un quinto piso urbano que jamás a visto a un gato cazar un ratón. Está demostrado estadísticamente que el grueso de los proteccionistas son poco amantes de la naturaleza…, y que tienen poco que hacer añadimos nosotros.

Con respecto a otros “ismos”, como el pacifismo, éste se refiere a la conducta entre seres humanos, no a seres humanos con animales. El que crea lo contrario se cree un animal. El humanismo…¿qué cosa será eso? Aunque una dieta “sana” no necesariamente se opone a una tarde de toros, porque no es obligación comerse los animales muertos en la arena, tal vez los más coherentes de los anti-taurinos son los que además son vegetarianos. Podemos darle el crédito siempre y cuando no usen zapatos, cinturones ni otros artículos de cuero o seda (hay que hervir vivas a las ninfas de una mariposa para producirla). Pero debemos señalarles que la posibilidad de que no matemos a ningún animal, ni para alimentarnos, ni vestirnos, es inhumana, porque el ser humano ha comido carne (y probablemente se ha vestido con pieles) desde que era solo un australopiteco.

Por otra parte, la cría de ganado de lidia con ciertos parámetros no sólo es ecológicamente inocua, sino francamente ecologista. Como los potreros en los que pastan los toros bravos son evitados por la gente y, en consecuencia, por los cazadores furtivos, la fauna salvajes reproduce con tranquilidad. Hemos visto garzas y la bellísima Porphyrula martinica en una ganadería de lidia de Tumbaco, zona en que no se veían durante décadas. En otra, en los altos de Pifo, tres cóndores juntos, espectáculo imposible de ver en otro lugar. Y ese excelente ganadero y hombre sensible que es Patricio García, nos enseñó complacido como los venados pastaban en medio de una impresionante novillada de su hierro. Claro que hay todavía ganaderos que creen que los cóndores se comen a sus becerros, pero ese es problema de IQ y no de taurofilia.

La ecología es una cuestión política. Quienes estamos interesados en salvar a la humanidad salvando el medio ambiente, debemos actuar estratégicamente, no buscando enemigos donde no hay. Existen ciertos ecologistas camorristas que encuentran placer en ponerse contra la humanidad y, de paso, poner a la humanidad contra de su causa. Son enemigos de los militares, de los empresarios, de los agricultores, de los campesinos, del aseo y de la razón. Personas de este tipo son, por cierto, los peores enemigos de la naturaleza.