La renuncia

En 2006 la revista SoHo me propuso escribir una supuesta re-
nuncia del teniente coronel Hugo Chávez a la presidencia de 
Venezuela. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, empe-
zando con que Chávez está muerto, pero creo que tal como está 
la situación, no sería nada difícil ver pronto un escenario 
parecido

Maburro

Cuartel general de la “alianza sudamericana”, 4 de febrero de 2016

Conciudadanos venezolanos:

Como siempre un saludo bolivariano a todos los habitantes de mi patria, a quienes he dedicado mi vida, mi esfuerzo y hasta mi felicidad. Con toda honestidad y patriotismo les propuse un sueño: el sueño bolivariano de una patria grande, justa, soberana, como la quiso el Libertador. Pero los graves acontecimientos de los últimos meses no pueden ocultarse, y debemos asumir venezolanos que ese sueño debe ser postergado una vez más. Pero no debemos perder la esperanza, se dice que Simón Bolívar vuelve cada cien años, cuando despiertan los pueblos y volverá, compatriotas, volverá como el sol sale cada mañana.

Como lo sabemos, el imperialismo norteamericano, que como lo predijo Bolívar, será siempre la causa de toda la infelicidad de América Latina, mediante su poder político y tecnológico, consiguió hacer bajar los precios del barril petróleo a 7 dólares hace dos años. Ellos argumentan que esta artificial caída de los precios de nuestras materias primas, se deben al creciente empleo del hidrógeno en las industrias de los países desarrollados. Con ello dicen que han logrado disminuir a la mitad las emisiones de gases de invernadero. Pero deben saberlo todos los revolucionarios y patriotas de Venezuela y del mundo entero, que en realidad el propósito de esta conversión industrial es hacer poner de rodillas a Venezuela y a los países petroleros árabes que no se han resignado a ser lacayos de Washington.

Aprovechando del crítico estado en que cayó nuestra economía tras las maniobras imperialistas, el gobierno de Colombia se dedicó a provocar permanentemente a Venezuela, tanto a nivel diplomático como con frecuentes violaciones militares de nuestra integridad territorial. La muerte del heroico sargento Rangel nos llevó a exigir reparaciones por parte del régimen de Bogota, pero éste, muy prevalido de su poder desde la aniquilación de las fraternas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, se negó a dar ninguna explicación argumentando que el incidente fue “forjado” por Venezuela. Esta intolerable arrogancia nos llevó a implementar una operación militar, cuyo único propósito era resarcirnos de los desmanes cometidos por los colombianos.

Sin embargo de que nuestra operación era limitada y de propósitos específicos, el gobierno de Bogotá, que se ha demostrado un obsecuente servidor de los yanquis, argumentó haber sido agredido e invocó al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Los países andinos y Chile, que tras la firma de los vergonzosos Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, se han convertido en meros satélites de la Casa Blanca, acudieron con fuerzas militares en ayuda de Colombia. Nosotros esperamos en vano la solidaridad de Brasil y Argentina, pero el primero se declaró en estricta neutralidad y Buenos Aires se limitó a hacer declaraciones y a proporcionarnos armas obsoletas. A ello debe sumarse la quinta columna que conforma la oposición venezolana, viles traidores que hallarán la justicia en este mundo.

Ante fuerzas tan superiores la resistencia era inútil, lo que no quiere decir que en los campos de batalla las gallardas tropas venezolanas, ayudadas por combatientes bolivarianos, voluntarios norcoreanos y revolucionarios del mundo entero, no se hayan desempeñado con enorme valor. Las potencias invasoras exigieron para cesar sus ataques y sus bombardeos a la población civil mi entrega para ser juzgado, dizque por crímenes de guerra. Siendo, como ha sido siempre, el bienestar de mi pueblo mi único interés, acepté entregarme y ordené que nuestras tropas depusieran las armas.

En estas circunstancias, es inútil pretender seguir siendo el presidente de la República Bolivariana. Esta no es una renuncia a la presidencia, a la que legítimamente tengo derecho, sino un mero retiro del poder, para evitar males mayores a mis compatriotas. Parafraseando al Libertador quiero decirles: venezolanos, si mi retiro contribuye a que se cesen los sufrimientos de mi pueblo y se retiren los invasores, yo pasaré tranquilo al exilio.

Un emocionado abrazo bolivariano y revolucionario,

Hasta siempre,

Hugo Chávez Frías

Publicado originalmente en la revista SoHo en febrero de 2006